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Notas Análisis Internacional

6 julio, 2015

Estimados estudiantes, para ver las notas de la cátedra de Análisis Internacional has click AQUÍ

Asimismo, informarles que el examen será el día lunes 06 de julio a las 14:30 horas en las salas de computaciones.

Atentos saludos,

 

Philippe WERNER-WILDNER LABADIE

Exámenes Ciencia Política Primer Semestre 2015

Para conocer fecha de exámenes Ciencia Política Primer Semestre 2015, haz clic aquí.

Textos control RRII

13 abril, 2015

Estimados alumnos de Teoría de RRII:

La profesora Carolina Jarpa ha establecido, conforme al programa del curso, que las lecturas para el control de este día Jueves corresponden a los textos de Esther Barbé (ambos) y a la de Celestino del Arenal.

Reciban un afectuoso saludo,

Philippe WERNER-WILDNER LABADIE

Clase Teoría RRII

7 abril, 2015

Estimad@s Estudiantes:

junto con saludarles, me dirijo a ustedes para informar que este jueves 09 de abril, la profesora Paloma Torres, en reemplazo de la profesora Carolina Jarpa, dictará la clase de Teoría de las Relaciones Internacionales en el horario de las 19.00 hrs.

Atentos saludos,

 

Philippe WERNER-WILDNER LABADIE

Horarios Ciencia Política Primer Semestre 2015

28 enero, 2015

Estimados Alumnos:

 

A continuación encontrarán los horarios para el primer semestre. Las listas estarán publicadas en el panel.  Les recuerdo que deben tomar los cursos de repetición por obligación a quienes les falten aprobarlos. Si no están en la lista respectiva no tendrán que hacer el curso. A partir de Marzo nuestra Facultad estará ubicada en Derecho.

Que descansen!

Cursos Repetición

Quinto Semestre CIPOL

Séptimo Semestre CIPOL

 

Hubo cambios en el horario de Teoría de las RRII  y Políticas Públicas Sectoriales (actualizado 02-03)

CIENCIA POLÍTICA EXÁMENES SEGUNDO SEMESTRE – Actualizados

24 noviembre, 2014

01 de Diciembre                      11.30  HRS                              Macroeconomía

09 de Diciembre                    18.00 HRS                             Sistema Internacional (formal)

10 de Diciembre                    15.00 HRS                             Estado, Democracia y Ciudadanía

10 de Diciembre                    10.00 HRS                             Cultura Occidental II

10 de Diciembre                    11.00 HRS                             Economía y Negocios Internacionales

11 de Diciembre                    10.00 HRS                             Teoría Política II

12 de Diciembre                     10.00 HRS                           Marketing Político

16 de Diciembre                    14.30 HRS                             Teoría de las Organizaciones (formal)

17 de Diciembre                    12.00 HRS                             Filosofía Moderna

18 de Diciembre                    10.30 HRS.                            Sistema Electoral

18 de Diciembre                    14.30 HRS.                            Políticas Públicas

19 de Diciembre                    10.00 HRS                             Opinión Pública       

19 de Diciembre                    10.30 HRS                             Historia Contemporánea de Occ. II

 

Se modificó el examen de Opinión Pública

Se modificó el examen de Historia Contemporánea de Occidente II

 

 

 

CHILE ¿ANTE UNA ENCRUCIJADA?

4 noviembre, 2014

¡Cuidado Maityi ¡viene la curva¡

¡Cuidado Maityi¡ ¡Viene la Curva¡ Así rezaba a mediados de marzo de 1944 el semanario húngaro, humorístico para niños, llamado Ludas Maityi (Mattie, cuidador de Gansos)[1]. Por entonces, Ervin Lazlo, uno de los más destacados físico y filósofo, docente de las Universidades de Yale y Princeton, Director del Instituto para Enseñanza e Investigación de Naciones Unidas y Presidente de UNESCO, tenía 11 años y se sorprendía por dicho titular, consumidor ávido de dicha publicación, que con seguridad llenaba su imaginación creativa, consultó a sus padres por esta extrañeza sin encontrar respuesta. Al caer la noche –relata Lazlo- [2] el ejército de Hitler entró en Hungría por la frontera con Austria y cerca de la medianoche, ingresó a la capital. Hacia las dos de la madrugada, los automóviles color crema de la Gestapo, se detuvieron frente a las casas de los húngaros influyentes, que o bien eran judíos o eran reconocidos antinazis. Minutos más tarde docenas de agentes volvían a sus autos con las manos vacías. El titular de esa publicación había advertido con anticipación suficiente para que esa noche las personas que buscaban hubiesen desaparecido. “La mejor forma de encontrarnos frente a la curva de una importante bifurcación en la cultura y la sociedad –advierte Lazlo- , la mejor manera de tener cuidado consiste en percibir la situación tal como ella es, juntar coraje y prepararse para construir una nueva época”.[3] Quizás es esto lo que, en definitiva, se sitúa como desafío para nuestra inteligencia, y que, intentaremos describir de manera muy aventurada en lo que sigue a estas líneas.

La culpa es de Voltaire la culpa es de Rousseau

Así rezaba una frase tomada de “los Miserables” de Víctor Hugo, que introducía una idea no siempre aprehendida. La crisis de nuestra cultura es al final, una crisis de nuestra inteligencia, en tanto esa cultura es producto de ella. Cuando nos preguntamos respecto de lo que nos acontece como sociedad contemporánea, cuando observamos los fenómenos sociales, particularmente las movilizaciones sociales que por doquier parecen brotar por el mundo, ya sea en Grecia, en Egipto, en España, en Israel, en Chile, en Inglaterra, no podemos sino constatar un dato objetivo. Protagonizamos un momento de mutación socio-cultural cuyas raíces están asociadas al derrumbe de un proyecto histórico y de las instituciones resultantes del mismo. Nos referimos a la “cultura de la ilustración” y a la apuesta, (que de allí se desprendió), en el hombre y su sola capacidad de racionalidad para emprender ese expectante camino hacia el “progreso indefinido”, nueva fe salvítica, inmanente que inundará las almas del hombre moderno, ya despojado (por inútil), de todo dato trascendente.

Las luces de alerta la encendieron los críticos de Frankfurt, que en el intento por salvar a Marx del siglo 20, tomaron pronta nota de que la verdadera dificultad no era Marx ni el materialismo histórico, que ya por entonces (1920) parecía sucumbir no sólo al fracaso del pauperismo pronosticado por Marx; sino, también, y de manera aún más trágica, ante la imposibilidad (real) de la consciencia de clases enfrentada a la ignorancia y rebeldía de quienes se supone estaban llamados a ser el germen de destrucción del modo de producción capitalista como paso previo a la síntesis (hegeliana) del comunismo.

No obstante, el problema parecía estar fundado en la esencia de un proyecto histórico que comenzaba a hacer trizas sus propios fundamentos. La modernidad como proyecto histórico comenzaba a crujir y no sería sorpresa la angustia de aquellos notables intelectuales al percatarse como la “racionalidad” (núcleo de nuestra apuesta) era capaz de alcanzar estadios de “irracionalidad” (y de deshumanización como efecto). Aquello, por cierto, adelantaba un debate crucial para entender lo que sobrevendría. Si la modernidad sucumbía, ¿qué quedaba de todo aquello?, al final de cuentas, como más de alguna vez lo hemos advertido, tanto el capitalismo (A.Smith) como el marxismo (K.Marx) son hijos de la misma madre, “la cultura de la ilustración”.

Las 3M nietzschenianas: El momento, la opinión y la moda

La respuesta fue contundente: “la postmodernidad”. Jean Francois Lyotard, destacado filósofo francés, en 1979, invitado por el Gobierno de Quebec, Canadá, describía de esa forma la cultura predominante (o sobreviviente, tras los cambios en las reglas fundamentales del juego) de la sociedad contemporánea, conferencia que diera pie a la posterior publicación, para algunos, sorprendente y clarificadora: “La condición postmoderna”[4]. Allí Lyotard refería la pérdida de legitimidad de las instituciones que surgieron junto con el proyecto moderno, destacando del mismo modo, la causa de ello asociada a la disolución de los “grandes relatos” que le dieron sustentación a dicho proyecto[5] (la fe en el progreso indefinido, la reivindicación del proletariado, el trayecto hacia la felicidad inmanente de la mano de la ciencia y la tecnología, el crecimiento económico y el bienestar resultante como obra de la “mano invisible”, incluso, la reivindicación de Cristo, etc.). No había que ahondar más, ‘la gente’, esa definición tan difusa, comenzaba a cuestionar, a dejar de creer, a restarle legitimidad fundante a aquello que dos siglos antes se había constituido como referente político, económico, social, religioso, etc. (esto incluye las instituciones de allí derivadas como la propia democracia liberal, el Parlamento como entidad representativa y los partidos como órganos de participación). Los pilares sobre los cuales se había llegado a levantar dicho proyecto histórico o estaban trisados, diluidos o deshechos. Todo el edificio comenzaba a venirse abajo, con la velocidad que los cambios sociales y culturales suelen contener.

A juicio de Lyotard, vivíamos (y vivimos) las esquirlas de la implosión en que había incurrido la modernidad entera (como proyecto histórico), aún sin tener a la vista, un horizonte determinado que nos permitiera descubrir si esa “postmodernidad” era una fase de tránsito hacia algo que estaría por venir, o si eso “por venir” era ella propiamente tal. Así la “incredulidad” y la “incertidumbre” terminaba por envolvernos como sociedad (caos, conflicto y crisis, pudieran ser el sino que se avizoraba como resultante).

Eso caracteriza nuestra condición postmoderna. Así, sin certezas, todo se envuelve en una infinita celeridad de lo banal, todo transitorio, todo fugaz, todo momentáneo. La “moda” como ideal; “la opinión” como conocimiento y; “el momento” como horizonte, describían el fenómeno social más distintivo que encierra nuestra contemporaneidad. El camino conducía a la pura banalidad (acrecentada en los medios de comunicación social masivos), nihilismo (propio del “sinsentido” de la vida) y transitoriedad.

El intento tardío

Pero, como siempre, el problema no es nuevo y de hecho, en gran parte, se remite a la agónica relación subsistente entre individuo y sociedad. El hombre sólo puede realizarse como tal en sociedad; pero, para ello, hay quienes han sostenido que parece necesario tener que soportar una socialización tremendamente deficiente (conflictiva, desgarradora, dominante) que, en gran medida, dificulta su devenir histórico. Así lo creyeron los filósofos de la sospecha: Marx, Freud, Nietzsche, aún cuando, nuevamente, esto ya parecía debatido (no solucionado) en el mundo helénico post socrático.

Sin embargo, será Jürgen Habermas[6], uno de los más destacados filósofos contemporáneos de la modernidad quien ha salido en defensa del proyecto histórico, a pesar de que todas las señales lo dan por sucumbido. Habermas ha propuesto el retorno a la racionalidad moderna, a partir del acto comunicativo, intersubjetivo, dialógico, intrínsecamente consensual (distanciado, eso sí, de todo dato trascendente) como un último intento para lograr que esta pueda cumplir con su propósito originario de otorgarle al hombre el cumplimiento de su segundo gran desafío: “la libertad humana”[7], en tanto, esfuerzo que debiera conducir -a juicio de Habermas- a la humanización de una sociedad que, por el contrario, ha visto como la propia razón (pervertida y malquerida) la ha deshumanizado cada vez más.

Un intento, como otras veces lo hemos señalado, inútil, en tanto, no es la racionalidad la que impera sino la simulación y el hiperrealismo, y la imposición de un tipo de conocimiento puramente interpretativo (hermenéutico), relativo, subjetivo, emotivo, que descansa finalmente en la imposición de los “juegos de lenguaje” (instrumento clave en el combate por legitimidad social), aprovechando el imperio de los medios de comunicación social masivos (TV, Internet, Redes); cuestión que no hace sino ahondar la profundidad de la crisis de nuestra cultura contemporánea, es decir, profundizar la crisis de nuestra inteligencia.

La respuesta de Habermas parece ya tardía, sobre ello se interpone el mundo de lo fugaz, el mundo de lo transitorio, el mundo de lo momentáneo, y eso, atraviesa la ciencia, la cultura, la sociedad, la política y la economía, cuyos efectos se han visto acelerados por el desarrollo de la informática y la pura acumulación de entropía. Como suele decir un destacado sociólogo y amigo[8], “al caer la noche, siempre gana Falabella” (un “espacio social” que simbólicamente mejor representa este estadio “cultural”).

El Malestar de la Globalización

Es cierto, las raíces remotas de lo que nos acontece, tienen, como suele ser, una condicionante epistémica, filosófica y religiosa la cual parece prudente recordar, en tanto, difícilmente podremos aspirar a dar cuenta de lo que experimentamos creyendo que la solución está en una modificación constitucional o algo por el estilo. Nuestra tesis es que experenciamos un proceso de mutación socio-cultural, no siempre advertido, y cuando no, provocador de los miedos más aterradores propio de los estados de incertidumbre.

Pero, intentemos dibujar el estado actual de nuestra condición. Un primer referente propuesto invita a la inquietante y no pocas veces refutada reflexión de Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía (2001) y profesor de la U. de Columbia, quien, en julio de 2002 publicaba un extenso trabajo con el título: “El Malestar en la Globalización”[9]. Stiglitz nos advertía, entonces, que “para millones de personas la globalización no ha funcionado. La situación de muchas de ellas empeoró, y vieron como sus empleos eran destruidos y sus vidas se volvían más inseguras. Se han sentido cada vez más impotentes frente a fuerzas más allá de su control. Han visto debilitadas sus democracias y erosionadas sus culturas”[10]. ¿Suena familiar?

Viva la “buena sociedad”, muera el “Estado de Bienestar”

Agreguemos de inmediato otra referencia más cercana. A principios del año 2009, los diputados Andrea Nahles (Alemania) y Jon Cruddas (Gran Bretaña) publican un mediático documento que tematiza la creación de lo que denominan una “buena sociedad” (concepto ya acuñado antes por el propio Habermas y que, paradojalmente, remite a la finalidad social descubierta en el “telos” aristotélico) en respuesta a la fracasada “Tercera Vía” del laborismo Inglés y del “nuevo centro” de Alemania.

La tesis central, que hoy se revive en el debate europeo, remite a las actuales dificultades económicas, sociales y políticas de los países comunitarios, donde lo que se constata es el fracaso efectivo de la social democracia y los partidos social demócratas europeos. Para la autocrítica, la instalación de políticas asistenciales y subvenciones sociales propias de la concepción del “Estado de Bienestar”, no son sino el reflejo de una continuidad de los principios de mercado y consumo propios del neoliberalismo, que la social democracia europea, no sólo no supo ni pudo reemplazar; sino que, además, terminó por administrar de la peor manera posible, es decir, acrecentando las brechas existentes entre ricos y pobres, defraudando las expectativas de consumo de sus electores, y cuando no, internalizando la corrupción como signo de los tiempos.

En opinión de la autocrítica surgida en este debate, lo que logró la social democracia europea fue perforar aún más la credibilidad de los ciudadanos: “Desde que los socialdemócratas asumieron el poder, se incrementó la brecha entre ricos y pobres. La vida también se volvió más difícil para la clase media que no puede confiar en servicios públicos efectivos y accesibles“.[11] Así podría resumirse la expresión resignada de los intelectuales progresistas que han visto perder el Gobierno en la gran mayoría de los países europeos, cuyos ciudadanos vuelven la vista (electoral) hacia la derecha política, como queriendo decir: si el capitalismo no tiene alternativa, pues que lo administren los que saben. ¿Le suena esto conocido?

Valdría la pena recordar el lema: “Crecer con igualdad”, levantado por el ex presidente Ricardo Lagos como “relato” de su proyecto de dominación, que no era sino la re-traducción de la tesis de la “Tercera Vía” creada por el Sociólogo y ex director de la London School Antonhy Giddens y, operativizada por Tony Blair, Bill Clinton y los seguidores de la internacional socialista, Ricardo Lagos y Enrique Cardoso, entre ellos. Resultados: durante su período presidencial aumentó como nunca la brecha de la desigual distribución de la riqueza en Chile. Quizás, cabría aplicar aquí, también, la crítica de estos parlamentarios europeos a la gestión de la social democracia latinoamericana (y nuestra). No pocas voces al interior de la dirigencia de las actuales movilizaciones estudiantiles sospechan acertadamente de esto[12].

Desde luego, el debate es más extenso y complejo, por ahora, quizás, valdría la pena instalar nuestra sospecha (silenciosa) de la imposibilidad de una arquitectura de conflicto social creada, consciente o inconscientemente, por las propias fuerzas social demócratas, presas de su naturaleza originaria (atrapadas por la exacerbación de la igualdad social), en orden de un efecto muy cercano al ideario marxista ortodoxo, aparentemente olvidado: “una sociedad polarizada bajo una dicotomía de enfrentamiento social entre ricos y pobres”[13], que acelere la caída del capitalismo (en este caso, en la versión neoliberal).

A nuestro juicio, una tarea titánica –e imposible- en una sociedad cada vez más heterogénea, compleja e inestable, fugaz, transitoria y momentánea (“la condición postmoderna”). Ya sea por ineptitud o impotencia (como lo advierten los críticos europeos), o bien, por delineación azarosa o estratégicamente concebida, el efecto producido ha sido en esa dimensión; lo cual, por cierto, pudiese haber levantado “entusiasmos” en quienes añoran la utopía del materialismo histórico.

En parte importante, la estrategia de movilización social seguida hasta ahora en nuestro país, tiene una sustentación ideológica que perece fundarse en este tipo de “entusiasmos”[14], apoyados por una sorprendente legitimidad social que; sin embargo, como hemos visto, es mucho más difusa y compleja que la reducida adhesión a los postulados de la ortodoxia marxista.

No obstante, alrededor de esa adhesión (que estaría reflejando un cierto “sentir” de malestar), independiente de su “difusidad” y complejidad”, se intenta construir una plataforma política (de presión social con efectos de ingobernabilidad) que apunta a imponer cambios estructurales en la sociedad. Por ahora, parte nuclear de la salida a esa suerte de trampa construida alrededor de “nuestra” conflictualidad social, pudiera consistir en “rebajar” (o diluir) la “legitimidad” social del movimiento, en tanto es el núcleo de dicho sustento. Ello supone operar más en el plano de las creencias de las personas, que han internalizado el “malestar” y han expresado su “indignación” y mucho menos en la impronta de sus líderes.

Pudiera ser equivocado apostar a que la sola neutralización (política, social, cultural religiosa, económica, etc.) de sus dirigentes hará desaparecer el “malestar” y la “indignación”. Parece ser más significativo poner atención en el plano de la legitimidad social y eso supone operar con la esencia de la política real, la construcción de “relatos” legitimantes con capacidad de ser internalizados en el consciente colectivo. Esto no es sólo un problema de “comunicación” como equivocadamente, a veces, se tiende a creer (aún cuando lo envuelve), es un problema de la esencia de la política, “hacerse cargo de lo que la gente cree”, y que, por ende, “legitima”. Lo decimos una vez más, en política “la percepción” es la realidad[15].

 

Los “indignaos” de Stéphane

Pero, ¿puede reducirse la causa de nuestro “malestar” e “indignación” sólo a la equivocada puesta en escena de políticas sociales y económicas que han derivado en “nuevos” excluidos, marginados y frustrados que no dudan en poner en jaque el orden institucional y el modelo de bienestar? No parece tan fácil, pero, por cierto, es la arista más próxima y más dolorosa de lo que nos ocurre.

Permítannos una disgregación. Aristóteles había descubierto 24 siglos antes que Marx, que el principal mal de los reinos era la desigual distribución de la riqueza. ¡Que ironía! para quienes insinúan que los valores humanos de solidaridad, justicia, comunidad,[16] pueden ser apropiados social y políticamente por el “progresismo”, cuando son valores que exceden toda hipoteca y le pertenecen más bien a la condición de hominidad propia del hombre, antropológicamente concebido como un ser social por naturaleza, a la manera como el mundo helénico lo define; muy contrario a la concepción hobessiana contractualista de la ilustración liberal que dibuja al hombre como “un lobo para el hombre”. Es como si termináramos creyendo que los valores de “libertad”, “igualdad” y “fraternidad” fueron instalados por los revolucionarios franceses (Robespierre y compañía) y no enterarse que son esencialmente valores cristianos ya internalizados en el mensaje evangelizador.

Como sea, la constatación de los “indignaos”, en el borde, es la constatación primaria de los excluidos y marginados de las expectativas de desarrollo y de consumo; expectativas que se han visto frustradas pasando a convertirse en los nuevos pauperizados del sistema que, de alguna manera, ha provocado dicha exclusión. Como lo hemos señalado en otras oportunidades, esa indignación tiene una ligazón profunda con la condición de “persona”. Es, de alguna forma, la irrupción de “indignidad” representada en quienes no tienen acceso a una consideración como “persona”, avasallados por la injusticia social, ausentes de oportunidades de desarrollo, empleo y consumo[17]. Así ¿es atendible pensar en el resurgimiento del marxismo?

Stéphane Hessel así lo cree[18], casi en una suerte de reedición de la dialéctica hegeliana, en una propuesta que apunta al corazón mismo del sistema capitalista, casi como una revancha del “fin de la historia” de Fukuyama, en que en una lectura –paradojalmente- también hegeliana, anunciaba hace pocos años el triunfo definitivo del capitalismo sobre el socialismo. Hessel no aspira sólo a una mejor distribución de la riqueza, sino a modificar las bases mismas de dicha riqueza. Aún cuando la mediática publicación de Hessel, no pasa de ser un llamado publicitario, la advertencia (entre líneas) parece ser válida, al final de cuentas (guardando las dimensiones) el “Manifiesto Comunista” de Marx y Engels, también era –para su época- un panfleto publicitario. Así, en Hessel el término del capitalismo y la construcción de una nueva sociedad sobre las bases del ideario hegeliano, aparece como fórmula, aunque ya conocida, del relato marxista ortodoxo que hace descansar toda expectativa de éxito revolucionario en el propio desarrollo del capitalismo, que creará, a juicio de Marx, las condiciones deseables para dar el salto final a la desalienación del hombre (la pauperización creciente y la necesaria toma de consciencia).

Esa parece ser la luz de esperanza del resurgimiento marxista, en un contexto postmoderno, fugaz, transitorio, momentáneo ¿es una lectura correcta? Nuestra sospecha es que el tránsito de esta suerte de mutación socio-cultural, podría tener un horizonte muy distinto de las expectativas del resurgimiento del marxismo, aún cuando, ese resurgimiento pudiera, a instantes, instalarse en la imagen acústica del consciente colectivo (nacional). Podrían equivocarse quienes perciben que este resurgimiento pudiera ser un “portador de futuro”, aún cuando no desmerece (como posibilidad) que en esos futuros posibles, estén contenidos elementos del diagnóstico construido en la crítica social del siglo 19.

En los “indignaos” (los originarios de la plaza del sol en Madrid), por ejemplo, se evoca una contestación casi existencial, difícilmente dirigida a la reivindicación del proletariado, pero muy cerca de la construcción de una propuesta “oportuna”, “sustantiva”, e “idealista”, casi a un ápice de ser recogida por lecturas que pudieran brindarle la sustentación filosófica e ideológica de la cual aún carece. Por ahora, su refugio pasa por botar al socialismo del poder (el PSOE) e instalar allí en su reemplazo, a la derecha política (el PP) española.

Eso que en España se despliega de manera casi natural frente a las frustradas expectativas de toda una generación acorralada por el paro y el desempleo junto a la decepción con la clase dirigente, en Chile parece asociarse simbióticamente de manera mucho más vital a los movimientos sociales y políticos de la izquierda radical que le ofrece el manto de operatividad necesaria, mientras se internaliza en su consciente colectivo el ideario filosófico que requiere.

Esto hace que nuestra condición sea mucho más compleja, en tanto no sólo se trataría de derrumbar las bases del capitalismo (en su propuesta neoliberal), sino, en el extremo, reemplazarlo por un ideario social-demócrata aún por construir, ¿más cerca o más lejos del ideario marxista?, está por verse[19]. Por ahora , aunque parezca insólito (atendiendo sobre todo los procesos que ocurren en el viejo continente), se representa orgánicamente en el borde, así al menos (como imagen acústica) a partir de la conducción que han adquirido las movilizaciones bajo el liderazgo del PC., sin que ello, por ahora, se convierta en algo más que eso. Estará por verse si permea el alma de los futuros ciudadanos, nativos digitales, consumidores empedernidos, creadores libertarios, afectivos y soñadores, nuevos defensores (primero) y transformadores (luego) del mundo por venir.

The UK´s Ministry of Defense

Agreguemos otro referente, todavía en el desafío de situar nuestra situación. En el año 2006, el Ministerio de Defensa Británico, a través de su Dirección General de Conceptos y Doctrinas, publica una investigación referida a “Tendencias Estratégicas al año 2036”[20], uno de los estudios prospectivos más interesantes que es posible de conocer en el ámbito de la Defensa, dado que abarca “zonas o áreas de riesgo”[21] a veces muy distantes de lo que tradicionalmente se liga a la preocupación de las FF.AA. ¿Qué se dice allí?: “las expectativas que no se cumplen, la creciente tensión y la inestabilidad, tanto dentro como entre las sociedades y que resulta en las expresiones de violencia tales como el desorden, la criminalidad, el terrorismo y la insurgencia, también pueden conducir a la reaparición de no sólo ideologías anti capitalistas, posiblemente vinculadas a movimientos anarquistas, religiosos, nihilistas, sino también al resurgimiento del marxismo” ¿Le suena familiar?

Pero advierte, asimismo, “la mayoría de los “pobres urbanos” serán empleados en el sector informal quedando muy vulnerables a las derivadas de las crisis económicas y la explotación ilícita, la población juvenil quedará económicamente expuesta a la volatilidad dando lugar a convulsiones sociales periódicas, delincuencia generalizada y cambio de lealtades. En muchas sociedades en desarrollo las clases medias crecerán por primera vez en forma numérica y electoralmente en niveles significativos. Si bien esto refleja el crecimiento económico, la mayoría de los nuevos miembros de la clase media van a ser muy vulnerables a la movilidad descendente y el riesgo de comparar su nivel de vida posiblemente desfavorable con los niveles globales de riqueza. Los temores y las preocupaciones resultantes pueden tener repercusiones en la política nacional e internacional”. ¿Le suena parecido?

Todo apunta a un nuevo embate (agónico) de las clases medias. Al respecto, parece necesario recordar que casi un 70% del millón cien mil estudiantes del sistema de Educación Superior en Chile son primera generación que accede a la Universidad, y que está reflejando, de manera explícita, el surgimiento de una nueva clase media demandante, consumidora, llena de expectativas que el propio desarrollo del capitalismo les ha instalado como norte de vida.

¿Estarán hoy los británicos recordando este estudio de las FF.AA. de su país, a la luz de los desórdenes y movilizaciones ocurridas en Londres y otras ciudades inglesas? ¿Tienen algo que ver con esto, las movilizaciones estudiantiles y juveniles ocurridas ayer en Israel? ¿Cómo se entienden los “indignaos” de Plaza del Sol de Madrid, sino en función de lo que algunos han señalado como la gran frustración de toda una generación que, por primera vez, ve con angustia como sus niveles esperados de vida serán inferiores a los de sus padres?

El estudio de la Defensa británica alude al resurgimiento de un “nuevo proletariado” expresado en las clases medias emergentes, llenas de expectativas frustradas que terminan por inundar la plaza pública en demanda de lo prometido, “participar del bienestar que parece para ellas ser cada vez más esquivo”. El documento británico, por cierto, parece más directo que la tesis surgida respecto del “problema de crecimiento de las clases medias”, propio de las transiciones de desarrollo de economías emergentes como la nuestra, solución que –desde la ortodoxia económica- pareciera asociarse en el tiempo, a las capacidades del propio crecimiento económico, expresado esto, casi tautológicamente. Así sólo cabría esperar. Sin embargo, como irónicamente lo caricaturizó Keynes en la gran depresión del 29, “en el largo plazo todos vamos a morir”, respuesta genial a quienes creían que la solución era esperar a que las fuerzas del mercado por sí mismas comenzaran a construir las soluciones requeridas. Los “indignaos” no esperarán, de eso ya somos protagonistas y no meros espectadores.

La “privación relativa” de Coser

Al respecto, nos resulta Interesante revisar algunas de la tesis de los llamados teóricos del conflicto social. Una de las más interesantes, para estos efectos, es la desplegada por el sociólogo funcionalista Lewis Coser[22]. Coser en su análisis, introduce el concepto de “privación relativa” y “privación absoluta”, para dar cuenta de las razones que explicarían el conflicto social. Las causas -a su juicio- se asocian a las posibilidades de generación de expectativas de consumo (mediante actos comparativos de consumo entre personas con similar posicionamiento en la escala social), que sólo serían posible en quienes tienen “privación relativa” y cómo la eventual “frustración” de dichas expectativas conduciría a facilitar el desplazamiento hacia una conducta de conflictualidad social, destinada tanto a manifestar esa frustración como a posibilitar su eventual satisfacción (opera en un doble sentido).

A su juicio, sin embargo, sólo bajo una condición de “privación relativa” es posible que nazca una frustración (social) que, a su vez, conduzca a la movilización y eventual conflicto (y la violencia). Sólo allí donde hay “privación relativa” será posible encontrar una pre-disposición particular a ser movilizados, entendiendo que esa privación puede estar enteramente cargada de frustración social. Conviene reiterar que dicha frustración tiene un fuerte componente de consumo, de comparación de consumo (que es la base frustrante) y, por lo mismo, muy distante de idearios ideológicos que operen como motivadores.

Para Coser, por el contrario, quien posee “privación absoluta” está al margen de poder generar expectativas y, por ende, excluido de internalizar frustración, así, ausente de dicha condición, no parece ser posible de ser movilizado sino, en tanto se modifique esa condición de “absoluta” a una condición de “relativa”, es decir, incorporándole el “virus” de la expectativa (la gestión política, el discurso público -en esto- suelen operar como un instrumento muy eficiente). Para Coser, en una propuesta cínica y realista, el conflicto no sólo es funcionalmente deseable (cumple con funciones al interior del sistema); sino que, incluso, la violencia pasa también a cumplir un rol social. Si se sigue con atención la “dimensión estratégica” del conflicto, parte significativa del proceso pudiera atenerse al planteamiento de Coser.

Si es así estaríamos enfrentados a un problema de “acceso al consumo”, retraducido en términos de expectativas insatisfechas, y “políticamente orientado” a producir cambios sociales (mayor justicia social), políticos (mayor participación ciudadana), y económicos (mayor rol del Estado) que resuelvan dicha dificultad. Pero, ¿resolverán estos cambios la cuestión esencial de acceso al consumo que parece ser la médula del conflicto, si seguimos a Coser? La respuesta de la socialdemocracia europea a la luz de su (ahora dolorosa) experiencia, parece instalar una enorme sospecha de que el camino no parece ser ese. Esto, por cierto, para nuestra realidad, es una dificultad adicional a las ya existentes.

Desde esta perspectiva, las condiciones de “frustración social” advertidas por Coser, parecen ser un buen factor de análisis de nuestra actual condición, pero, como suele ser, nunca un modelo de análisis es suficiente para dar cuenta de la complejidad social. Por lo pronto, pareciera ser interesante si a la propuesta de Coser agregamos el factor de “desigual distribución de autoridad” advertido por Ralph Dahrendorf[23] como causa del conflicto social contemporáneo. Dahrendorf cree que hay quienes, por distintas razones (mérito, talento, suerte, estudios, dinero, familia, etc.) logran un posicionamiento de “autoridad” y quienes, también por distintas razones (ausencia o deficiencia de dichos factores consignados), sólo alcanzan un posicionamiento de “obediencia”.

Para Dahrendorf el conflicto se produciría por la legítima aspiración de quienes sólo logran un posicionamiento de “obediencia”, a modificarlo por un posicionamiento de “autoridad”, mientras que los que han logrado un posicionamiento de “autoridad”, todo lo que aspiran es a retener (y defender) dicho posicionamiento (y muy particularmente, los intereses allí contenidos).

Esta “desigualdad distribución de autoridad” al interior de la sociedad, nos parece también, de alguna manera, internalizada en las demandas de los líderes “políticamente organizados” que conducen las movilizaciones sociales del país, particularmente, la aspiración a tener un rol más protagónico en las decisiones del país. En este sentido, el factor de “movilidad social” viene a reflejar esta dimensión y parece clave para explicar eso que difusamente comprendemos como expectativa de “clase media” (emergente), pero dibuja con claridad, el sentido de querer moverse desde un posicionamiento (indeseable) a otro (apetecible). Este proceso no es nuevo, y en el devenir de nuestra sociedad ha ocurrido en diferentes períodos históricos, casi siempre asociados a momentos críticos acompañados de violencia social. Suele ocurrir cuando se percibe una actitud de cierre de nuestra elite gobernante que impide ser permeable al ingreso de nuevos componentes[24], y a la adopción de nuevas reglas del juego que ponen en riesgo los posicionamientos de “autoridad”.

El conflicto, como hemos descrito, sobrevendría porque, en paralelo, quienes están en un posicionamiento de autoridad, todo lo que desean es defender dicho posicionamiento (y los intereses allí comprometidos que lo hacen apetecible). No pocas veces las percepciones intersubjetivas de intolerancia e intransigencia solo envuelven (veladamente) una expresión conflictual de este tipo, que no es enteramente explícita en todo momento, pero que pudiera encerrar mucha más “potencialidad” que la “privación relativa” de Coser, en tanto, encierra una aspiración más amplia y duradera, que la eventual mera satisfacción de una expectativa en particular (del tipo que sea).

Agreguemos algo más. Alain Touraine (uno de los conocedores de nuestra realidad), el ya octogenario y quizás más destacado intelectual francés de nuestros días, tuvo el acierto hace 40 años atrás de interpretar acertadamente un nuevo fenómeno que le daría un giro a la concepción clásica del conflicto social. Para él, la clave está en un punto de partida no siempre advertido. El modo de producción había derivado desde la concepción industrial del siglo 19 (la imagen de la manufactura, escenario propio de Marx) a formas más difusas propia de lo que, por entonces (1970), denominó como la “Sociedad Postindustrial”. Allí el fenómeno más significativo a observar era el surgimiento de una nueva clase dominante, la “Tecnocracia”, cuya sustentación radicaba en el monopolio de un conocimiento especializado, que, además, se protegía mediante la utilización de un lenguaje sofisticado, incomprensible para el resto de los ciudadanos.

A juicio de Touraine, la “tecnocracia” como nueva clase dominante, terminará por imponer “lo que es mejor para la sociedad” desde la perspectiva del monopolio del conocimiento técnico y del lenguaje altamente especializado, sin que ello sea compartido ni menos “comprendido” (mundanamente) por el ciudadano común y corriente, que finalmente es el sujeto de “dichas políticas”, generándose así un proceso no sólo de divergencias de intereses que conducirían irrevocablemente a un nuevo tipo de conflicto social, ahora muy distante de la lectura de luchas de clases que había advertido Marx; sino, también, de la construcción de “mundos” sociales muy distantes entre sí (¿en qué mundo vive? suele ser una pregunta recurrente de aquellos que miran con impotencia (y alienación) el accionar de las decisiones tecnocráticas).

Así, la “Tecnocracia” termina por enfrentarse al “sentir común”. ¿Se acuerda Ud. de las sospechas -y repulsa- que al respecto recaen sobre parte importante de nuestra clase dirigente tecnocrática –de ayer y hoy-, Transantiago incluido?). Esta es la tesis de Alain Touraine[25] que sirvió, además, para marcar un “antes y después” (1970) de la impronta ya desdibujada en Europa del materialismo histórico de Marx y, muy particularmente, de su sentido de “clase social”. Todas estas remisiones teóricas pudieran darnos una base descriptiva bastante útil a la hora de intentar comprender nuestro actual conflicto social.

La “Vía” de Edgar Morín

¿Hacia dónde va el mundo? Stéphane Hessel cree que la solución a los “indignaos” del mundo está más cerca de lo que ha propuesto Edgar Morín, el desatacado científico francés, ambos en una misma línea intelectual y filosófica de raíces marxistas, pero que se han constituido en referentes intelectuales de la inquietud social reinante[26]. Morín en su último trabajo: “La vía, para el futuro de la Humanidad”[27], hace un largo listado de propuestas que en lo sustantivo requieren de una nueva forma de conocimiento (más bien holístico, no lineal), de una nueva manera de concebir nuestra inteligencia al servicio de la persona humana, instalando, curiosamente, el amor al prójimo como sustancia final de dicho proyecto, paradojal en alguien que transita por la consciencia gnóstica inmanente, que casi de contrabando instala un precepto adoptado como base por todas las religiones del mundo.

“Amaos los unos a los otros”, parece ser la receta deseable para construir desde allí, esa vaga idea de la “buena sociedad” de los críticos europeos, como reemplazo del relato del “Estado de Bienestar”, a la que aluden los sospechosos de la operatividad socialdemócrata europea. “Amaos los unos a los otros”, como lo sabemos, en el contexto de nuestra cultura occidental, remite, sin embargo, a la gran propuesta cristiana. Al final del día ¿no estaremos olvidando en todo esto, que cualquier condición humana, pasa por reconocer antes que nada la dimensión espiritual del hombre que lo conduce a un carácter trascendente? ¿Habrá espacio para ello en las propuestas que monopoliza el progresismo de la izquierda chilena?

Aún cuando este no exista allí como posibilidad, queda la reminiscencia a un ethos cultural que se funda en un núcleo religioso, muy difícil de erradicar de nuestra matriz cultural[28]. ¿Qué ha sucedido para que finalmente haya sido la construcción del ideario neomarxista la que termine por instalar preceptos y principios propios del “ethos” de nuestra cultura cristiana occidental, tras abandonarlos formalmente en la constitución de la Europa política, desconociendo aquello que el beato Juan Pablo II, definía como la esencia de la cultura europea, que la propia nueva Europa comunitaria mutilaba? ¿Cómo es que la izquierda intelectual llega a ser portadora y defensora de valores humanos que esencialmente son cristianos? Aún más, ¿cómo es que la derecha política es incapaz de enarbolar esos valores y principios, presa de un pragmatismo utilitario que no se sostiene por sí solo, sino en el campo del espíritu?

Algunos de los “indignaos” nuestros pudieran esperar el fin del capitalismo, pero, probablemente, llegado el momento, estarán también muy lejos de internalizar la síntesis hegeliana del comunismo como alternativa. Lo que viene por delante es el desafío insinuado al inicio, ¿cómo le daremos forma y sustancia al nuevo pacto social que parece emerger como exigencia de las nuevas generaciones? ¡cuidado Maityi, viene la curva!

Un desafío esencial que transitará particularmente en el dominio de las ideas (y del espíritu), y muy específicamente, en el dominio de las “humanidades” (las ciencias subordinadas y olvidadas), que paradojalmente han sido las más afectadas por el imperio del pragmatismo que acompaña la expresión idearia que se instala en los espíritus de quienes acceden a la actual enseñanza superior (y también en quienes responden a esa demanda) enfrentados a la pregunta: “¿para qué me sirve?”, en reemplazo de la exigencia del cultivo de nuestra condición humana (cultura), siempre incompleta, siempre por hacer, que en lo sustantivo depende de manera esencial del arte, la religión, la música, la filosofía, la historia, el drama, la política, la economía y la sociedad, es decir, de aquello que hace del hombre su especie distintiva, su condición de hominidad, más allá de su expresión instrumental (tecnológica) como “homo faber”.

El retorno a las humanidades debiera ser una prioridad de nuestra cultura, de nuestra ciencia, de nuestra economía, de nuestra política, de nuestra educación, sólo desde allí será posible alcanzar una salida a este desafío de fondo que representa este momento de mutación socio-cultural. La libertad humana y la creatividad solo es posible a partir del cultivo de las humanidades. Allí parece jugarse lo que viene por delante.[29]

Una reflexión final

Un último exordio. Desde la Sociología, el conflicto social, por definición no tiene solución (así lo reitera Dahrendorf y toda la Sociología), es inherente a nuestra condición social, en tanto, obedece siempre a intereses contrapuestos, divergentes, muy propio de esa condición social que inserta la relación individuo-sociedad. No es posible aseverar la erradicación del conflicto como si se tratase de “cortar” algo de raíz para siempre, dado que la divergencia de intereses estará siempre presente en la condición humana y su expresión social, aún a despecho del ideario utópico de Hegel y Marx (la síntesis final desalienadora, donde desaparecería el conflicto social fundado en la existencia histórica del dominio de una clase sobre otra).

Siendo así, sólo es factible (y deseable) el evitar su manifestación violenta, para ello resulta vital poder regularlo, organizarlo. Por eso nos otorgamos normas e instituciones que hacen factible la vida en común, evitando resolver nuestros intereses divergentes bajo la permanente amenaza del uso de la fuerza (la condición primitiva del hombre hobessiano). La represión violenta sólo vendría a postergar su expresión. Desde luego, distinto es cuando esa violencia es legitimada por un bien superior, en cualquier caso, el bien común.

Cuando el valor de las normas e Instituciones que nos otorgamos deja de ser el referente que establece el parámetro de concordancia que dirime nuestras divergencias, el camino a la expresión violenta está abierto, ya sea para modificar ese conjunto de normas e instituciones y restablecer un nuevo pacto (proceso siempre crítico), o para imponer transitoriamente el interés de uno sobre otro, sin que ello suponga necesariamente modificar la institucionalidad existente. Como sea, pareciera que siempre los procesos críticos se asocian a la ausencia o deficiencias de normas e instituciones que puedan regular adecuadamente la existencia de intereses divergentes en nuestra sociedad. Su ausencia o deficiencia conduce al empleo de otras vías, casi siempre violentas.

Hoy la demanda de las movilizaciones estudiantiles en nuestro país no sólo apuntan a reivindicaciones sectoriales (reformas al acceso y calidad de la educación que el sistema ofrece); sino, también, a modificar la institucionalidad social, política y económica imperante que, a su juicio, provoca las “perversiones” y consecuencias de un desigual acceso a la educación de calidad (y por esa vía a la proyección de las desigualdades sociales), y allí sólo caben dos procesos.

Uno, ya históricamente experimentado, caracterizado por movilizaciones multisectoriales que terminan por desplazar el estado de “coyuntura rutinaria” de la sociedad (estabilidad y gobernanza), a un estado de “coyuntura crítica fluida”, es decir, a una “crisis” política (impulsada por la percepción de amenaza por parte de las instituciones afectadas), momento en que se instala una “lógica de situación” (ambiente) que inunda y permea a todos los actores e instituciones comprometidas, crisis que normalmente está destinada a acabar (muchas veces de manera abrupta) con el orden institucional, evaluado como origen y causa de los males, para reemplazarlo por uno nuevo.

Solo así, por ejemplo, podríamos interpretar la demanda (cada vez menos velada) de instalar una “asamblea constituyente” que se aboque a crear una nueva Constitución política del país (ya “agotada”, “excedida”, “deslegitimada”, “insuficiente”), que modifique las condiciones que hicieron posible la desigualdad social advertida, o bien, el cambio del sistema participativo y el funcionamiento y rol de los ciudadanos en la toma de decisión política (sistema de partidos, sistema electoral, sistema representativo parlamentario), o, incluso, la eventual sustentación de la libertad y la propiedad como valores -ahora- enteramente subordinados a nuevas valoraciones sociales emergentes. Frente a eso, los problemas de financiamiento, de becas, de cobertura de la educación, e incluso, las cuestiones ligadas a la calidad de la enseñanza, terminan por subordinarse a lo otro, a lo sustantivo, a lo que se instala como primordial. Los estudiantes (y la ciudadanía) se movilizan por diversas motivaciones, pero se unen en aquel sentimiento colectivo que envuelve esperanzas, que “políticamente” son operadas en la dirección advertida. Cuando se ha avanzado en este proceso, por voluntad enteramente propia o resultado del juego de los actores, resulta difícil retornar a posiciones anteriores. Sobre todo, porque se alude a la (supuesta) inexistencia o deficiencia de una institucionalidad que opere de manera efectiva en la regulación del conflicto, por lo que cualquier salida supone “construir” o “re-construir” esa institucionalidad (eso explica el llamado a plebiscito–y la recepción del mismo-).

Ese proceso, adquiere una suerte de energía propia que va dejando atrás los motores impulsores que le permitieron romper la gravedad inicial. Cambia el eje del juego y la impronta de los actores, y por cierto, la lógica que impera. Como todo proceso de movilización social, agrega en su devenir causas y factores que inicialmente no estaban contenidas en su origen. Los estudiantes, los ciudadanos, las personas, los movilizados, los “indignaos”, son el parte del “stock de recursos” disponible, el instrumento que legitima el juego de quienes lideran la demanda del cambio. Así, sólo cuando las movilizaciones dejen de contener el efecto legitimador, será posible modificar la lógica del juego y reorientarla a los criterios de “negociación” propios de la política (cuya lógica es diferente, ya que opera bajo el supuesto de la aceptación generalizada de unas reglas del juego compartidas por los negociadores). Por ahora, quienes conducen el movimiento, saben de su posicionamiento legitimante, y, con seguridad, no deberían ponerlo en riesgo, lo cual en el corto plazo, debería apuntar a la mantención y fortalecimiento de las movilizaciones (el potencial legitimador).

En el momento que opere la lógica de la negociación y se abandone la movilización (por innecesaria), la conducción del mismo queda “desnuda”, desprotegida, obligada a “delatarse” frente a los negociadores (en el face to face), bajo otras reglas del juego, propias del juego del poder, en tanto, como lo sabemos, toda negociación sólo es posible cuando las partes comprometidas están pre-dispuestas a ceder. ¿Qué están dispuestos a ceder los líderes del movimiento estudiantil? ¿Sus idearios? No parece. Desde luego, en el estado actual del juego, ni siquiera parece necesario. La experiencia hasta ahora demuestra que estratégicamente están puestos en una posición inmejorable del juego donde todo es ganancia, hasta ahora. Sólo se podría modificar el juego si se modifica la base del mismo, caracterizada por una tremenda asimetría de legitimidad social y poder político (estudiantes ampliamente legitimados carentes de poder político versus un gobierno significativamente deslegitimado pero poseedor de poder político). Esa asimetría conduce a una distancia insalvable de posiciones, que pudiera desembocar en un umbral crítico de violencia, sólo posible de evitar, si se logra “imponer” la institucionalidad vigente como marco o referente necesario para avanzar en la resolución del conflicto. Todas las percepciones (opiniones) en orden de su insuficiencia no hacen sino dificultar, aún más, esta posibilidad. Por ello es que el “juego de lenguajes” debería internalizar mayor prudencia a la hora de abordar esta dimensión. De no ser posible utilizar la institucionalidad existente (aún para modificarla), el tránsito a la crisis política queda abierto enteramente.

Ese proceso es siempre crítico, y no pocas veces, acompañado de violencia social. El segundo camino apunta al mismo horizonte, pero, se asume una manera consensuada de asegurar los cambios y transformaciones necesarias para dar cuenta de la exigencia comprometida. Este camino sólo es posible si se modifica la lógica del juego imperante, y eso, en la actualidad no parece todavía posible (o incluso deseable por algunos actores). La ausencia de liderazgos (políticos) en la clase dirigente y de voluntades adecuadas (de los actores relevantes) no facilitan el giro de dicha lógica, como tampoco la mediatización de los “juegos de lenguajes” que son los constructores de realidades (en política la “percepción” es la realidad). Como suele ser, desactivar estos procesos suele ser complejo, dada la dinámica de los mismos, y no pocas veces, su sola trayectoria, impide intervenciones efectivas.

 

 

Gerardo Vidal F.

Dr. en Sociología y Cs. Políticas

 

 

 

 

Diccionario

 

 

[1] Tomado de: Laszlo, Ervin; “La Gran Bifurcación” (Crisis y Oportunidad: Anticipación del nuevo paradigma que está tomando forma), Prólogo de Ilya Prigogine, Editorial Gedisa, 1° Edición, Barcelona, España, 1990. Cap. 5, p.58.

[2] Ibíd., pág. 58.

[3] óp. cit., Laszlo; “la Gran bifurcación”, p. 58-59

[4] Véase, Lyotard, Jean-Francois; “La Condición Postmoderna”, Editorial Cátedra Teorema, 1° Edición, Madrid, 1989. Particular interés merece el capítulo 2 respecto del problema de la legitimación.

[5] Desde luego que está pensando en la “reivindicación del proletariado”, pero también en la “fe en el progreso indefinido”, en el crecimiento y desarrollo sin límites.

[6] Véase: Ureña, Menéndez, Enrique; “La teoría Crítica de la Sociedad de Habermas”, Editorial Tecnos, 1° Edición, Madrid, España, 1978, pp. 134,135.

[7] El primer desafío de la racionalidad moderna fue vencer la naturaleza, imponerse a las trágicas consecuencias de sus procesos y leyes. La Ciencia y la Tecnología apuntaron fundamentalmente a ello.

[8] Nos referimos al profesor Alberto Mayol, Docente de la Universidad de Chile, y autor de destacados artículos referentes a nuestra socio-cultura, muy particularmente a la “matriz cultural” de nuestra sociedad.

[9] Stiglitz, Joseph; “El malestar en la globalización”, Editorial Taurus, 1° Edición, Buenos Aires, Argentina, 2002.

[10] óp. cit., El Malestar de…”, Véase capítulo 9: “Hacia una globalización con un rostro más humano”, particularmente la referencia a esta advertencia, página 343 y siguientes.

[11]Véase en Internet formato PDF : El debate sobre la “buena sociedad” ¿Hacia dónde va la Socialdemocracia en Europa?. Claves para el análisis a partir de la propuesta de Henning Meyer & Karl-Heinz Spiegel. Documento publicado por la Fundación FriedrichEbert Stiftung. Links: library.fes.de/pdf-files/bueros/chile/07717.pdf

[12] Al respecto bastaría con observar la interpelación que estudiantes le hacen al expresidente Ricardo Lagos E., al término de una conferencia en la U. de Viña del Mar, haciéndolo responsable de las condiciones de intereses y plazos del Crédito con Aval del Estado, como fórmula de financiamiento disponible para los postulantes al sistema de Educación Superior, propuesta y aceptada por su Gobierno.

[13] Aludimos, desde luego, a una de las condiciones insalvables de la posterior consciencia de clase, necesaria para dar el salto final a la síntesis hegeliana del comunismo.

[14] Pensando en la dimensión estratégica que adquiere el movimiento desde la perspectiva de quienes lo conducen, que en su mayoría pertenecen o adhieren, a corrientes marxistas más ortodoxas, y políticamente contestatarias con el “aburguesamiento” del PC chileno.

[15]En este sentido, en el “juego de lenguajes” (y construcción de percepciones) decir que: “la educación es un bien de consumo”, o que “en la vida nada es gratis”, o que llegado el momento “debería llamarse a las FF.AA. para que salgan a las calles”, apuntan exactamente en contrario, en tanto, alimentan aún más la incredulidad de quienes adhieren a la movilización, cuando lo que se requiere es neutralizar esa potencialidad.

[16]Hacemos particular referencia los valores que instala la líder de las movilizaciones estudiantiles Camila Vallejos en su discurso de asunción de su cargo y que representan bien la propuesta del progresismo de la izquierda chilena.

[17] Desde luego esta categoría conceptual hace simétricos a los movilizados de todo el mundo, ya sea por razones económicas, sociales, políticas, religiosas, étnicas, culturales, demográficas, etc. El padrón común es la afectación al sentido de “persona” (su dignidad).

[18]Aludimos al documento “Indignez Vouz” (“Indignaos”) del francés Stéphane Hessel, traducido por María Belvis Martínez, disponible en sitio Internet.http://www.claudiomelo.cl/wp-content/uploads/2011/06/Indignaos.pdf Dice allí Hessel: Se tiene la osadía de decirnos que el Estado ya no puede asegurar los costes de estas medidas sociales. Pero cómo puede faltar hoy dinero para mantener y prolongar estas conquistas, cuando la producción de la riqueza ha aumentado considerablemente desde la Liberación, periodo en el que Europa estaba en la ruina, si no es porque el poder del dinero, combatido con fuerza por la Resistencia, no ha sido nunca tan grande, tan insolente y tan egoísta con sus propios servidores, incluso en las más altas esferas del Estado. Los bancos, una vez privatizados, se preocupan mucho por sus dividendos y por los altos salarios de sus dirigentes, no por el interés general. La brecha entre los más pobres y más ricos no ha sido nunca tan grande, ni la búsqueda del dinero tan apasionada”. ¿No hay en esto una similitud con las demandas “de fondo” que sostienen el movimiento estudiantil chileno y que concita el interés del mundo?

[19] Incluso la inédita experiencia latinoamericana de Bolivia, bajo el liderazgo de Evo Morales, o el “socialismo del Siglo XXI” que entusiasmó inicialmente a Hugo Chávez, formalizan una propuesta acertada que se constituya en modelo. Para muchos intelectuales, Chile parecía encaminarse más bien al modelo social-demócrata alemán. ¿Se habrá puesto en jaque esta percepción, tal como parece advertirlo el Presidente de Colombia en su reciente visita?

[20]Véase: Strategic Trends, is an independent view of the future produced by the Development, Concepts and Doctrine Centre (DCDC), a Directorate General within the UK’s Ministry of Defence (MOD). It is a source document for the development of UK Defence Policy. p. 03. Véase   actualización del estudio al año 2040 en: http://www.mod.uk/NR/rdonlyres/38651ACB-D9A9-4494-98AA-1C86433BB673/0/gst4_update9_Feb10.pdf

[21] El documento utiliza el concepto de “área de riesgo” en vez de “amenaza”, lo que incluye un matiz conceptual interesante que amplía el sentido del interés institucional por lo que acontece en el entorno, y el nivel de afectación que ello pudiese generar en la dimensión estratégica de los intereses del Estado. El estudio inicialmente realizado el año 2007, proyectado al escenario del año 2037, es actualizado cada 4 años (enero del año 2010 y prospectado al año 2040). En dicha actualización los fenómenos del cambio social provocados por diversos factores (climáticos, demográficos, económicos, alimenticios, etc., adquieren mayor relevancia en el estudio.

[22] Véase; Coser, Lewis; “Las funciones del Conflicto Social”, Editorial Amorrortu, Buenos Aries,

Argentina, 1995. Coser, sociólogo de origen alemán, con fuerte arraigo en los Estados Unidos donde enseñó Sociología, fue uno de los prestigiosos teóricos del conflicto social. Puso el acento en la “frustración” como factor clave para explicar la “potencialidad” que se instala como motor de la movilización social a una línea de conflictualidad. Pero para que exista frustración debe haber expectativa, y sólo hay expectativa en quien tiene una privación “relativa”.

[23] Véase: Dahrendorf, Ralph; “Las Clases Sociales y su conflicto en la Sociedad Industrial”, Editorial Rialp, Madrid, 1979.pp. 160,161,162. Dahrendorf es uno de los más destacados intelectuales europeos, fundador de las teorías del conflicto social y eterno combatiente de las añoranzas del marxismo que reduce el conflicto a una cuestión de “clase social”. Interesante resulta la crítica de Dahrendorf a la “Tercera Vía” de Giddens, casi, providencialmente, adelantándose a los cuestionamientos que luego recaerán sobre la implementación del Estado de Bienestar y las actuales autocríticas al interior de la socialdemocracia europea..

[24] Al respecto, algo curioso parece ocurrir cuando se instala el Gobierno de la Coalición por el Cambio. La prensa difusamente transfiere la percepción de la “nueva forma de gobernar” encarnada en una nueva elite del poder (el equipo de gobierno con un fuerte sesgo tecnocrático) proveniente en “su educación” de un selectivo núcleo de colegios particulares privados de Santiago y unas pocas universidades (casi todos postgraduados en el extranjero). Esa “percepción” que se instala, es exactamente contraria a la valoración ya internalizada en nuestra sociedad (tras los sucesivos gobiernos concertacionistas) de una sociedad cada vez más “inclusiva” y “participativa” (que incluye la “idea” de gobierno ciudadano). La puesta en escena de todo esto, pudiera convenir como ejemplo de la exposición de esa divergencia de intereses que trasunta la tesis de Dahrendorf y, desde luego, pudiera haber actuado como gatillante de este factor. Al menos coadyudó a generar la dicotomía planteada por él.

[25] Véase: Touaine, Alain; “La Sociedad Postindustrial”, Editorial Ariel, Barcelona, 1973. Touraine, es quizás uno de los intelectuales que mejor conoce la realidad latinoamericana, y particularmente chilena. A su juicio, parte del problema está radicado en esa suerte de dicotomía que se produce entre la construcción de “mundos simbólicos” y la construcción de “mundos técnicos”, dicotomía tan arraigada en América Latina.

[26]Dato que nos motiva a referenciarlos como significativos a la hora de intentar comprender nuestros propios procesos sociales. Particular interés nos merecen, en tanto se han convertido en referentes del debate progresista y, en algún sentido, referentes intelectuales de los movilizados europeos.

[27] Véase, Morín, Edgar; “La vía para el futuro de la humanidad”, Editorial Paidos, 1° Edición, Junio de 2011”. Madrid, España. Morín, es un destacado intelectual francés (de origen sefardita, judeo español), contemporáneo, que ha puesto en relevancia la necesidad de abordar la construcción del nuevo ideario social, que pasaría antes que nada por nuevas formas de comprender el conocimiento humano y las exigencias éticas que lo envuelven. A pesar de su posición agnóstica, curiosamente, su acento está puesto en valores humanos que finalmente remiten a la dimensión espiritual del hombre.

[28] Nos hacemos cargo del fenómeno de religiosidad que transita en múltiples dimensiones de nuestra sociedad. La simbiosis –por ejemplo- entre la cultura de la palabra propia del cristianismo, y la cultura de la imagen, propia de las culturas nativas, que se funden en ceremonias populares religiosas como “la fiesta de la Tirana”, o Santa Rosa de Pelequén, o San Sebastián en Yumbel, experiencia que se replica de manera significativa por toda América, con total independencia de la dimensión política o económica que la circunde.

[29] Un desafío que no siempre se comprende y que significa impulsar el valor del pensamiento reflexivo y crítico, la belleza, la verdad, el arte, la música, la lectura, etc.

Exámenes de Repetición Ciencia Política

29 julio, 2014

Exámenes Repetición

Horarios Segundo Semestre – Hubo cambios

Horario Ciencia Política – Cuarto Semestre

Horario Ciencia Política – Malla Antigua -egresan

Horario Ciencia Política – Sexto Semestre

Fechas, Horarios y Salas Exámenes Ciencia Política

4 julio, 2014

Estimados:

 

Adjunto fechas de exámenes y las salas para algunos de estos. El resto de las salas se informarán mediante el panel de la Facultad.

 

Atentos saludos, Salas

Exámenes Primer Semestre

Sala Solemne Instituciones Políticas

13 junio, 2014

Estimados alumnos y alumnas:

 

La sala para la solemne de Instituciones políticas a las 12.15 será la 524.

 

Atentos saludos,

 

Paloma Torres M.

Fechas Exámenes Ciencia Política

11 junio, 2014

Estimados alumnos y alumnas:

 

Aquí están las fechas de los exámenes de este primer semestre. A finales de mes estarán las fechas para los exámenes de repetición.

 

Atentos saludos,

 

Secretaría Académica

Exámenes Primer Semestre

Sala Control Políticas Públicas Sectoriales

30 abril, 2014

Estimados Alumnos y alumnas:

 

Espero estén bien. Les comunico que la sala para el control del dia lunes 05 de mayo a las 14.20 hrs., será la 535. Tercer piso de la casa 5.

 

Atentos saludos,

 

Paloma Torres M.

Suspensión de Clases por Asado Universidad

Estimados alumnos y alumnas:

Les comunico que el próximo miércoles 7 de mayo no tendrán clases a partir de las 13.35 hrs. Esto por la celebración del Asado de la Universidad.

 

Atentos saludos,

Paloma Torres M.

Jueves Santo – Suspensión de clases a partir de las 13.00 hrs.

15 abril, 2014

Estimados alumnos y alumnas:

 

Junto con saludarles, les comunicamos que el día jueves 17 de abril las clases se suspenderán a partir de las 13.00 hrs., esto porque al ser Semana Santa, deseamos estén con sus familias en una jornada de reflexión.

 

Atentos saludos,

 

Paloma Torres M.

Horario Solemne Derecho Internacional Público

9 abril, 2014

Estimados alumnos y alumnas:

Les comunico que el día viernes 12 a las 10.50 y la sala será publicada en el panel de Derecho.

Atentos saludos,

Paloma Torres M.

Ayudantía Microeconomía

7 abril, 2014

La ayudantía será a las 15.45 hrs. en la sala 24 los días lunes.

Clase Comunicación Estratégica

Será hoy a las 15.00 hrs en la sala 84.

Clase Políticas Públicas Sectoriales

2 abril, 2014

Estimados alumnos y alumnas:

 

Les Comunico que la clase del día viernes 04 de abril no se podrá realizar. La recuperación de esta será el día jueves 3 de abril a las 13.35 hrs. en la sala 84 y el próximo día jueves a la misma hora y misma sala.

 

Cordiales saludos,

 

Paloma Torres M.

Horario Control Historia Instituciones Políticas

27 marzo, 2014

Estimados:

El horario para el control de mañana viernes 28 es a las 10.50 hrs.

La sala estará publicada en el panel de Derecho.