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CARTA RECTORA A EL MERCURIO

Sra Alicia-tamanio
Esta carta fue publicada el lunes 16 de Mayo en Cartas al Director de El Mercurio

CAZA DE BRUJAS
Señor Director:

La forma en que se está destruyendo o mejor autodestruyendo nuestra sociedad es alarmante. A partir de acusaciones, que en la mayoría de los casos carecen de fundamentos, se comienza una caza de brujas que hace estremecer por la falta de cuidado, de rigor y de prudencia. Se juzga a toda clase de personas y, en este caso particular, a los personeros de la Iglesia Católica con una maldad que produce escalofríos. No hay respeto a la persona, no hay misericordia, no hay perdón en el caso de que hubiere existido alguna culpa. Sólo se ve con claridad el deseo de escandalizar, de producir un impacto mediático. Bajo el pretexto de buscar una transparencia quimérica se corre en pos de ella derribando todo cuanto sustenta al ser humano como tal. Se cuestiona la dignidad de la persona, se ensucia su nombre, se acoge cuanto infundio exista y se da lugar a acusaciones que no tienen rostro y menos aún a alguien responsable que las asuma.

Qué lejos está todo este cuadro de la escena en que Cristo dice a la multitud enardecida, en el caso de la adúltera: “El que esté libre de culpa que lance la primera piedra”. Las piedras, en este momento, vienen de cualquier parte, de manos escondidas, de manos enfermas, de la maldad misma. Caen y destruyen, sin ningún miramiento, cualquier obra valiosa que se encuentre en las manos de la víctima elegida. Queremos convertirnos en Catones. Someter a juicio a toda la sociedad. Se pretende una pedagogía benéfica con esta dinámica “de la verdad”, sin reparar que el daño es infinitamente mayor que cualquier eventual bien. Se habla en nombre de la verdad. ¿De qué verdad? habría de preguntarse. Dónde está esa verdad, en la falta o en el pecado que alguien pudo haber cometido en un pasado lejano, del que verdaderamente se arrepintió, con dolor, y seguramente expió. Que dio lugar a una vida de esfuerzo, de sacrificio y de entrega en beneficio de muchas personas necesitadas de ayuda y de apoyo.

Pareciera que más de algo está mal en el juicio social que se pretende imponer a nuestra sociedad, donde el morbo comienza a reemplazar al juicio tranquilo y misericordioso que debe presidir todo juicio que realicemos.

Estamos mal, equivocados. Este no es el camino. La prudencia y la caridad deben presidir nuestra vida, con estas virtudes se debe trabajar para llegar a un mundo mejor, más limpio, más claro; no porque no exista el pecado, sino porque, al arrepentimiento y la expiación sinceros, lo único que corresponde es el perdón y con él el olvido verdadero.

Paremos esta caza de brujas, que perturba nuestra vida. Busquemos la verdad y actuemos en las reales instancias pertinentes para restablecer el orden y el bien. Seamos severos y exigentes, pero no olvidemos que sin caridad y sin prudencia sólo lograremos dañar irreparablemente a nuestra sociedad.

Alicia Romo Román

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