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COLUMNA DE ERIK HAINDL, DIRECTOR DEL INSTITUTO DE ECONOMÍA

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Este miércoles 20 de octubre se publicó en el DF la columna del Director del Instituto de Economía UGM, la que trata de La Guerra Cambiaria y el Yuan Chino.

Hace ya más de una década, China devaluó fuertemente su moneda y luego procedió a pegarla al dólar norteamericano en un esquema de paridad fija. Esta política cambiaria, combinada con una serie de reformas de apertura económica, transformó a China en una de las economías más competitivas del mundo. Esto hizo que China emprendiera un acelerado proceso de desarrollo liderado por exportaciones, que la fue transformando gradualmente en una verdadera “factoría del mundo”. Desde entonces, su ritmo de crecimiento promedio de 9,4 por ciento anual, ha permitido aumentar el PIB de China en tres veces, convirtiéndola en la segunda economía del mundo. Sus exportaciones físicas han crecido a más del doble de este ritmo, y actualmente son más de seis veces superiores a cuando se aplicó esta política.
Durante el mismo periodo, Estados Unidos disminuyó sus tasas de tributación y aumentó fuertemente su gasto público, para financiar sus guerras en el exterior, lo que llevó a un creciente déficit fiscal y a un gran déficit en su cuenta corriente. Uno de los resultados de esta política fue un gran debilitamiento del dólar norteamericano, el cual se depreció con respecto a casi todas las monedas del mundo.
Este debilitamiento del dólar norteamericano arrastró consigo a un debilitamiento del yuan chino debido a la política de la paridad fija yuan/dólar implementado por las autoridades chinas. Esto exacerbó las ventajas competitivas de China, haciendo que sus productos industriales pasaran a ser los más baratos del mundo. Varios efectos siguieron a este fenómeno.
En primer lugar, China volcó los términos de intercambio mundiales en contra de los productos industriales, y a favor de las materias primas. Esta situación favoreció a los países exportadores de materias primas, como Chile y América Latina en general, que gozaron de los mayores términos de intercambio de su historia. En cambio, los países exportadores de bienes industriales, que incluyen Europa y Japón, fueron afectados en forma adversa. Al no poder competir contra los costos de China, muchas empresas cerraron sus fábricas en sus países de origen, y trasladaron sus factorías a la misma China: “si no puedes vencerlo, únete a él”, parecía ser su lema. Produciendo en China, y manteniendo sólo sus redes de comercialización internacional, lograron mantener sus mercados. Con esto reforzaron el proceso de crecimiento de China.
En segundo lugar, la disminución de los precios reales de los productos industriales generó un proceso de “desindustrialización” en la mayoría de los países, lo cual provocó cierres de fábricas y cesantía. Por el lado positivo, aumentó el consumo de estos bienes, que se hicieron ampliamente accesibles a la mayoría de la población. Por el lado negativo, esta “desindustrialización” empuja a los países en vías de desarrollo a permanecer como simples exportadores de materias primas.
En tercer lugar, la mantención de esta política en China generó un gran superávit comercial y en la cuenta corriente, lo que forzó a una gran acumulación de reservas internacionales al Banco Central de China. Las actuales reservas internacionales superan ampliamente el billón de dólares, y son más que la suma de los cinco países que le siguen. Esto obliga a China a tener una gran tasa de ahorro, para hacer macroeconómicamente posible este equilibrio.
En cuarto lugar, la acumulación de reservas ha transformado a China en el mayor comprador de bonos de tesorería de los Estados Unidos. Esto ha sido fundamental en generar una baja tasa de interés mundial, y permitir al gobierno norteamericano financiar holgadamente sus déficits fiscales, sin necesidad de presionar excesivamente las tasas de interés al alza.
Todo este equilibrio se ha puesto en entredicho luego de la última crisis mundial. El déficit fiscal norteamericano se acerca al 10 por ciento del PIB, y no existe voluntad política en Estados Unidos para subir los impuestos o bajar el gasto público. Ello ha originado un nuevo debilitamiento del dólar norteamericano a nivel mundial, reforzando los desequilibrios ya descritos.
Como a nivel mundial, la suma de las cuentas corrientes tiene que ser cero, una forma de corregir el desequilibrio norteamericano es forzando a China a reducir su fuerte superávit en cuenta corriente, lo que se podría lograr si se abandona la política de tipo de cambio fijo, y se deja flotar al yuan. Una fuerte apreciación del yuan podría lograr corregir el superávit chino y de paso parte de los desequilibrios externos de USA. Esto ha hecho a las autoridades norteamericanas presionar fuertemente por esta solución, ya que no se pueden poner de acuerdo en el frente interno.

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