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COLUMNA DE PATRCIO REYES: El profesional impecable

Patricio Reyes

El término “profesional” no tiene edad, puede serlo tanto un joven de 25 años como alguien mayor de 65. En el primero, el carácter de profesional lo da preferentemente su condición de graduado en una universidad o de poseedor de un título profesional; en el segundo, el calificativo se le atribuye al que actúa con “profesionalismo” y esto no necesariamente va dirigido a quienes cuentan con un título profesional sino a aquellos que actúan bien, dentro de los marcos de respeto, de consideración al otro, cualquiera sea y con dedicación o prolijidad para obtener un buen resultado.

Ha sentido alguna vez que lo están postergando, pasando a llevar o no considerando como usted espera serlo, es
decir… como persona? ¿Ha experimentado en carne propia la sensación de que a muchos no les importa el respeto, la lealtad, la responsabilidad, los buenos modales, la imagen que proyectan y el pésimo ejemplo que representan?
A diario somos testigo de cómo se han ido perdiendo el cuidado personal, el trato, la s act itude s y conductas y con ello hasta los valores en el comportamiento social y actuación de muchos “profesionales”. Son alteraciones a usos y costumbres que nos fueron enseñados como normas básicas de relación con quienes nos rodean y que hoy vemos, con sorpresa, que cada vez más importan menos. Llegar tarde o no llegar a un compromiso se resuelve, para muchos, con un “perdón, es que el taco que había era tremendo”. No entregar un informe a tiempo se pretende justificar con un “bueno, es que falló el sistema y no fue posible terminarlo”. No devolver una llamada telefónica admite simplemente un “no importa, ya llamará de nuevo”.
Posponer el pago de una deuda se explica con “es que a mi tampoco me han pagado” o “pero es que la situación está muy complicada”. Que otros adopten una decisión que nos involucra, sin consultarnos, para luego decirnos “Ah, es que se nos olvidó decirle”.
¿Será esta una evolución, involución o revolución de nuestra propia cultura como sociedad?
Para qué hablar de la presentación personal, de la cual tenemos muestras lamentables tanto en reuniones de trabajo como sociales e inclusive en entrevistas con clientes y hasta en las de postulación a un trabajo. En la televisión, que debería ser una fuente de ejemplos de buena educación, es penoso observar situaciones tales
como: vestimenta inadecuada; cabellos no sólo despeinados sino que denotando falta de aseo; barbas descuidadas o mejor dicho caras sin afeitar (que no es lo mismo); modales inapropiados ( forma de sentarse o gesticular y para
qué decir el lenguaje verbal utilizado). Mucho de esto es imitado por los televidentes y de cualquiera edad. Así entonces, la permisividad vía el ejemplo, empieza a invadir el terreno de las buenas costumbres.
En consecuencia , ser impecables en nuestro actuar profesional no es limitarnos a cumplir con un trabajo técnicamente bien hecho, es ser respetuosos, responsables, honestos, de buenos modales y adecuado trato, entre muchas otras calificaciones. Quienes tenemos la responsabilidad, como personas mayores, de inculcar con el ejemplo, tenemos que ser impecables.

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