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Columna DF: DIRECTOR DEL INSTITUTO DE FILOSOFIA

Fernando Moreno2
El pasado martes 21 de diciembre, aparece publicado en DF una columna de Fernando Moreno, Director del Instituto de Filosofía UGM.
Historia Magistra Vitae. Cicerón.

La historia es maestra de vida; nos enseña (o, “muestra”…) M. Tulio Cicerón, en el sentido propio del término. De ahí la importancia pedagógica inherente a la Historia como “disciplina”. Junto a la Moral (catequética o filosófica), la Historia concierne de manera especial y, de suyo, privilegiada, a la buena vida humana del pueblo (Santo Tomás de Aquino), es decir, al bien común.
De ahí que la historia, como “disciplina” y como “cátedra”, no debe ser “transable” en ningún proyecto educacional o pedagógico digno de su ” nombre”.
Hoy, más que nunca antes, en “estos tiempos”, en los que el relativismo nos ha llevado -e instalado… si pudiera decirse– en “la cultura de la muerte” , y en los que la ideología (Marx, Gramsci y “acólitos”) han estado sistemática y perversamente, pedagógica y físico-mostrativamente” (Museo de la Memoria, por ejemplo) aplicando su “energía” (Dostoievski) a re- inventar la historia del pueblo chileno (propiamente tal), en provecho de sus designios “políticos” ligados al Poder y al Dinero; en tales “tiempos (decimos), la importancia de la Historia (disciplina, cátedra y enseñanza familiar), es, sin más, fundamental; es decir, concierne al fundamento de la “unidad de paz” (Santo Tomás de Aquino); la cual no se realiza, sino en la amistad cívica (Aristóteles), y, desde luego… en y por la verdad (que hace libres).
Así, si Voltaire exhortaba al “miente, miente, que al final algo queda”, una propia y sana pedagogía cultural, en que Verdad y Bien se “conjugan”, debiera moral e históricamente afirmar y repetir: di la verdad, di la verdad, que ojalá más de algo quede… Y esto, en lo material y en lo espiritual; en relación a la paz y a la guerra, a las artes (“bellas”… y otras); a la economía y, a la política, y, desde luego, a la educación (H. I. Marrou) en su rica y, en cierto modo compleja y diversa naturaleza.
Ahora bien, un tal “compromiso” con la Verdad, y especialmente con la verdad histórica, implica un permanente desafío pedagógico; Y esto (una vez más ….) como exigencia del bien personal, y del bien común; considerando el condicionamiento -si no la causación- recíproca de tales bienes.
La importancia mayor e irrenunciable (de suyo), de lo que supone en cierto sentido una misión personal, familiar y ciudadana (si no, patriótica …), no ha cesado de ser “acechada” por la ideología, y sus agentes; no rara vez “encubiertos pedagogos”. En este “campo” como en todo lo humano, habrá siempre activos “vigilantes” y agentes de la Verdad y el Bien; conscientes que el mal es lo que sobreabunda en la especie humana.
En todo caso, y sea como fuere, la historia si bien se hace a menudo contra nosotros, pero nunca contra Dios (Journet, Maritain…). Y es que sólo Dios hace el Bien también a partir del Mal.

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