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COLUMNA EJECUTIVA EN DIARIO ESTRATEGIA


Este 13 de Diciembre se publicó la columna del académico de la Facultad de Economía y Administración, Patricio Reyes acerca de los “Volatilidad de Valores”.
Aclaro que no me refiero a valores monetarios, sino a los valores humanos, que hoy en día están cambiando o alterándose frecuentemente, por usar un término común en el lenguaje de la economía mundial. Valores como el respeto, lealtad, honestidad, ética, humildad, entre otros, ya no están en el actuar de muchas personas; no se honra al prójimo. Cada día somos testigos de cómo se transgreden principios y valores que tiempo atrás eran cumplidos por sobre todo, que nos fueron inculcados en la familia como sagrados y luego reforzados en la educación formal. Hoy ya no sorprende que un hijo le conteste duramente o con sarcasmo a sus padres, que los estudiantes se burlen de las autoridades, que periodistas creen su propio lenguaje para captar la atención de la audiencia pensando sólo en su objetivo, que los políticos se traten de manera procaz, que los seres humanos permitamos que estos
hechos ocurran y se haga poco o nada por corregir tan deplorable situación, sumidos en la indiferencia, la pasividad y la complacencia, una postura que acomoda a muchos. Hasta para reclamar por la educación se falta a ella y se atropellan y vulneran conductas antes respetadas, que hoy los niños y jóvenes en pleno desarrollo observan como el modelo a seguir. Ellos
aplican el ejemplo que reciben, y la desidia y la insolencia pasan a ocupar un lugar destacado en el quehacer diario, envenenando una cultura que vemos transformarse día a día en algo inaceptable en nuestro país, que crece en cifras y resultados económicos, pero decae en el respeto entre sus propios habitantes. Hay excepciones, pero en el inmenso océano de los comportamientos deleznables, las pequeñas islas donde aún reinan dichos valores pasan casi desapercibidas.
La volatilidad de los valores es una amenaza y así como existen fenómenos económicos regulables por el hombre, aún a costa de sacrificios personales, debemos hacer algo más por impedir que ese efecto alcance a la convivencia, sustentándola en sólidos valores humanos que recuperen su esencial vigencia.

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