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Columna: El Valor del Carisma. Patricio Reyes

Patricio_Reyes
El liderazgo demanda que quien lo ejerza reúna una serie de atributos poco comunes en las personas, entre los cuales hay uno que es influyente: el carisma, que según su origen etimológico griego significa agradar, gracia o don y beneficio de superioridad, y representa una cualidad extraordinaria atribuida a una persona que consigue atraer a otras por ciertas condiciones especiales. El líder carismático, para dirigir grupos humanos, tiene una suerte de magnetismo personal que logra persuadir porque cautiva y da confianza.
Hay quienes poseen esta característica en forma innata, y otros que la desarrollan en su maduración personal o rasgos de personalidad, como muchas competencias que se adquieren producto del aprendizaje y de la práctica. Sin embargo, la formación científica o técnica no necesariamente brindan carisma y hay personas que en su trayectoria han logrado grandes fortalezas por conocimientos y habilidades, algunas obtenidas de la academia, otras de lo empírico, pero que no son carismáticas, porque no tienen esta cualidad tan especial que atrae y en algunos casos fascina a muchos.
En la reciente elección presidencial vimos cómo el carisma logró imponerse en cifras a la capacidad técnica, porque radica en una cuestión de actitud y conducta, en donde la simpatía personal puede superar en aceptación y compromiso de la gente a las competencias y aptitudes, e inclusive a la brillantez intelectual. Me atrevo a decir que esa simpatía puede sumar puntos y llegar a tener un valor impensado, que para el líder es fundamental. Sin embargo, el carisma por si solo, sin la compañía de competencias y habilidades profesionales, no basta para grandes misiones; su valor es relativo.

Patricio Reyes B.
Académico Facultad Economía y Administración UGM
Publicado el 31 de Diciembre 2013
Diario Estrategia

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