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Columna: El voto voluntario y las encuestas de predicción electoral

 

gustavo martinez

El pasado 12 de octubre se publicó en El Mercurio, la columna escrita por don Gustavo Martínez, profesor de Ciencia Política de nuestra Universidad, sobre el Voto Voluntario y las Encuestas de Predicción Electoral.
Los cambios operados en Chile en relación al sufragio, al transferir el ejercicio del voto de un deber jurídico – político, aunque de hecho no sancionable, en un derecho subjetivo, cuyo titular está habilitado para ejercerlo o no de acuerdo a su voluntad, han generado algunos problemas para los institutos académicos y empresas encuestadoras.
Aunque discutible en la teoría política normativa la conveniencia de este cambio, lo cierto es que él ha traído aparejados muchos problemas para los estudios preelectuales, cuyos propósitos eran estimar los resultados de las elecciones presidenciales y de congresales.
Ya las elecciones municipales pasadas produjeron resultados sorpresivos. Algunos alcaldes, que las encuestas difundidas en los medios de comunicación daban por ganadores, fueron derrotados y por diferencias porcentuales considerables.
Se hizo frecuente escuchar que las encuestas con voto voluntario ya no servían para fines predictivos, sin examinar los aspectos técnicos de las cédulas de entrevistas (medición) o la calidad de los diseños muestrales o su ejecución y cobertura.
No se reparó que, muchas de estas encuestas que estimaron mal los resultados, tenían como características el emplear muestras de cuotas con entrevistados aleatorios reemplazables cuando no eran contactados inmediatamente por teléfono. Con estos procedimientos, de común empleo en Chile por ser baratos, las estimaciones se alteran en relación a los verdaderos valores.
Cuando las encuestas de predicción electoral se hacen con muestreos de áreas geográficas adecuadas, con una amplia cobertura geográfica (todo el país, circunscripción senatorial o distrito diputacional), se entrevista a quien corresponde en los sorteos aleatorios en las diferentes etapas, se puede tener una cierta seguridad en las estimaciones que se hacen.
Lo que hoy día ha venido a hacer más complejo el papel de oráculo de Delfos de nuestros investigadores, es el voto voluntario.
Este obliga a medir, a través de diversos procedimientos no excluyentes, sino complementarios, a quienes en la muestra se pueden considerar como concurrentes “seguros” o “altamente seguros en intención de concurrir a votar”.
Es con respecto a estos, y no el total de la muestra, que hay que hacer las estimaciones de preferencias de votación de los diferentes candidatos. De esta manera, se pueden presentar resultados menos arriesgados en términos de predictibilidad.
Sin embargo, el uso de estas escalas de seguridad subjetiva de intencionalidad de concurrencia a las urnas el día de la elección no resultan ser plenamente válidas. Y no lo son, porque miden exclusivamente una intencionalidad que podría no materializarse.
En otros países más avanzados en el empleo de las técnicas de encuestas con fines electorales predictivos se han hecho estudios que han comprobado que a votar va mucho menos del 100% de los que declaran que con “toda seguridad irán a votar”. Y a la inversa, los que señalan que “no irán a votar con seguridad” suelen ser menos de los que efectivamente lo hacen el día de la elección.
Ciertamente, hay otros indicadores que se pueden emplear: “importancia atribuida al resultado de la elección” o “caracterización del votar como deber ciudadano o no”, la historia personal pasada como elector, etc.
Todos ellos se podrían usar, sin embargo, tal vez necesitemos más años de experiencia investigativa para generar formas de medición más válidas y confiables.
Adicionalmente, hay otro problema importante en lo que respecta a los efectos de la difusión de encuestas preelectorales en el público en general. Para la “clase política” ciertamente ellas tienen una gran importancia. Pero, para el público en general probablemente no. En todo caso, en las agendas de estudio futuras de nuestras instituciones académicas, habrá que incorporar las preocupaciones temáticas que generar la difusión periodística de las encuestas preelectorales y los diversos públicos.
El público en general…¿le presta atención a estas encuestas o no?¿ Les otorga credibilidad a sus resultados?¿ El presentar al candidato preferido como vencedor cierto o perdedor seguro inclinaría a decisiones de abstención por la inutilidad de votar cuando nuestro voto no influirá para nada en el resultado, ya que él se producirá inevitablemente con nuestra concurrencia o sin ella?
No cabe duda que el voto voluntario ha venido a complejizar el estudio científico de nuestro electorado.

Gustavo Martínez Bascuñán
Académico
Ciencia Política
Universidad Gabriela Mistral

Publicado en El Mercurio, sábado 12 de octubre 2013

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