Subir

COLUMNA ESTRATEGIA: CRIMEN Y CASTIGO

Patricio Reyes

No he podido dejar de pensar en la tragedia de la cárcel de San Miguel, donde tantos seres humanos sufrieron una muerte horrible, propia de un castigo de tiempos antiguos, cuando las creencias y costumbres del hombre eran otras y aún no nacía el concepto de sociedad: las personas eran tratadas peor que animales. Me cuesta creer que siendo la nuestra una sociedad básicamente cristiana y progresista, todavía muestre falencias profundas en cuanto al respeto de valores y derechos humanos. Duele sentirse parte integrante de una sociedad que en ocasiones no es capaz de procurarse los recursos y adoptar las decisiones que permitan superar problemas sociales tan urgentes como la imperfecta legislación judicial, así como ha sido competente para construir autopistas modernas.
El tema de la reclusión penal es grave, pues aplica normas legales y criterios hasta el momento de la sentencia definitiva, pero no va más allá en materia de destino futuro de los condenados. Y es así porque de esa forma está legislado que opere la justicia en Chile, lo que me parece una falla de carácter estructural, ya que la pena básicamente es privación de libertad y aislamiento para el condenado; pero la ley no especifica la situación física en la cual éste debe cumplirla. En eso la legislación judicial penal es imperfecta, pues si la privación de libertad es un castigo y, al mismo tiempo, pretende rehabilitación del reo para su posterior reinserción en la sociedad, en la mayoría de los casos (se exceptúa el caso de cadena perpetua) no se considera en qué condiciones de vida debe éste cumplir su condena, y al no contarse con la infraestructura carcelaria requerida, se dan los penosos resultados de hacinamiento, de  condiciones inhumanas, de mezcla de reos de alta peligrosidad con otros que cumplen castigos por faltas menores. No basta construir más cárceles, hay que modificar el criterio penal para mejorar y no empeorar seres humanos.

Share Button