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Columna: La regionalización en Chile

Alejandro Alarcón
Desde que era un niño escuché hablar de la regionalización, incluso en la escuela básica se me enseñó que Chile estaba dividida en veintitantas provincias y por tanto, la aparición geográfica y política de las regiones se me ocurrió, en ese tiempo, que era una idea fantástica aparecía como una de las piedras angulares que impulsaría a Chile al desarrollo y que por fin una de las tantas preguntas que le hice a mi abuelita, en esa época quedaría al fin resuelta, porque una gran cantidad de ciudadanos se trasladaban a Santiago buscando mejores horizontes.
Tiempo después viendo una de las series que llegaban por docenas a nuestra televisión en los 60s comprendí, era como la búsqueda del oro de California, con carretas, caballos y por cierto, indios que martirizaban a muchas de aquellas caravanas.

En un reciente viaje a la tercera región del país , comprendí que muchas observaciones e inquietudes de mi niñez todavía estaban sin resolver, ciertamente mucho más allá de mis viajes por todo el país cuando trabajaba en la organización gremial que agrupa a los bancos en nuestra nación y que por su rapidez y mi falta de sensibilidad no llegaba al fondo del problema, simplemente la regionalización no funciona. Provoca diferencias atroces con la llamada gran capital y peor todavía no aprovecha de manera contundente las enormes potencialidades que tienen nuestras regiones, y por favor no hablemos de la gran minería del cobre como catapulta de oportunidades y mejoras para la gente que vive en el resto del país porque es obvio que chorrea cuando la libra de cobre llega a 4 dólares como ocurrió en 2012.

Asombrado con la zona del Alto del Carmen, cerca de Vallenar, no sólo por su belleza, el colorido de sus cerros, las uvas y naranjas, de las que ciertamente se obtiene un pisco que no tiene nada que envidiarle al peruano, empecé, tarde lo reconozco, el interrogatorio a los empresarios pequeños y medianos que me tocó conocer. ¿Qué pasa con el agua? Porque el servicio de wi-fi es tan malo? ¿Por qué los caminos les suben tanto los costos de producción? Etc.

Lo que pasa señor es que no nos “dan pelota en Santiago”. Ahí dije uhuh aquí viene la conocida cantinela de reclamos y excusas tan propias de nuestra nacionalidad. Pero esta vez no, y créanme que no fue el efecto de esa bebida, producida con tanto esmero y calidad en esas tierras.

Me acordé de un viejo profesor de economía, lo que le había escuchado hace 30 años atrás, si uf! 30 años atrás !. La gente se viene a Santiago porque cree que estando cerca de la Moneda va estar mejor porque simplemente, por una cuestión física, va estar más cerca del palacio diseñado y construido por Toesca hace par de centenas de años, y la sensación de ejercer influencia mejora notablemente, aunque sea esto como las barreras psicológicas que se usan para el dólar y para variados mercados bursátiles en el orbe. Al final las expectativas son las que cuentan!

Entonces, desde ese momento sustento con más fuerza que nunca que no puede en el futuro seguir el jefe del gobierno regional siendo nombrado por el que habita la Moneda, o sea el Presidente de la República, sino por la gente de la región, quienes no sólo tienen el derecho a nombrar al jefe de la región sino que también a exigir que los planes y programas que se prometan se cumplan en el nivel regional. Es democrático , pero sobre todo es práctico.

Pero no se saca nada con conferir poder político a los habitantes de Chile si no hay presupuestos descentralizados de verdad, para que el sector privado sienta que habrá infraestructura, y que los problemas que se le presenten a los grandes proveedores de servicios, obras públicas, energía, comunicaciones, entre otros, podrán ser resueltos allí y no a miles de kilómetros de distancia.

Si queremos desarrollo de la regionalización, démosle poder político a las regiones, démosle recursos, démosle la oportunidad de atraer al sector privado, para que los ciudadanos no terminen en una curva de un camino tratando de utilizar sus celulares porque la señal no llega, o porque no existen caminos ni puertos adecuados para exportar sus riquezas, sus servicios y sus ideas.

Alejandro Alarcón
Economista
Académico Facultad de Economía y Administración UGM
Publicado en El Mercurio, 22 de Agosto 2013

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