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Columna: Por qué no podemos seguir creciendo a este ritmo. Alejandro Alarcón

Alejandro AlarcónSabemos actualmente que el crecimiento del producto y de la inflación mostrarán resultados muy alentadores durante 2012. El PIB crecerá más del 5% este año, mientras que la inflación se empinará levemente sobre el 2%.
Al acercarse el fin de 2012 es inevitable comenzar a proyectar cómo evolucionarán las principales variables macroeconómicas del próximo año, esto es cuánto será el crecimiento del producto y por lo tanto, el nivel de desempleo y dónde se ubicará la tasa de inflación.

Sabemos actualmente que el crecimiento del producto y de la inflación mostrarán resultados muy alentadores durante 2012. El PIB crecerá más del 5% este año, mientras que la inflación se empinará levemente sobre el 2%. ¿Por qué debemos preocuparnos entonces?: Porque el dinamismo mostrado por nuestra economía, especialmente en el tercer trimestre, donde alcanzó una cifra cercana al 6%, no es sostenible, ni proyectable hacia 2013.

Las trayectorias de la demanda agregada, donde el consumo privado, la inversión y el gasto público muestran tasas de crecimiento muy importantes comienzan a distanciarse de la trayecto del producto tendencial de la economía, el cual se acerca al 5%. Más aún, el crecimiento del gasto interno no ha tenido hasta aquí un efecto sobre la inflación. Aunque sí indicadores importantes que caracterizan el exceso de gasto comienzan a mostrar que efectivamente esta expansión está afectando las expectativas de inflación futuras y el déficit en cuenta corriente muestra un porcentaje a esta altura que podemos considerar peligroso, 4% como porcentaje del PIB. Incluso las mediciones del tercer trimestre, que entregó el Banco Central de Chile, lo sitúan en este período en una magnitud por encima del 7%.

De forma clara, entonces las variables que ajustan este exceso de gasto, comenzarán a mostrar una evolución distinta a la que veníamos observando en los últimos años.

Cuando las trayectorias de oferta y demanda agregada comienzan a indicar sobrecalentamiento de la economía, esto es que la demanda agregada crece sostenidamente sobre el producto tendencial, se requieren ajustes que devuelvan a la economía a una trayectoria de crecimiento equilibrada. Estos pueden ser exógeno y típicamente representados por políticas fiscales que suavicen el crecimiento del gasto público o el Banco Central, a través de una política monetaria más contractiva, puede inducir alzas en la tasa de política monetaria, que se acoplarán en una curva de rendimiento de tasas donde aquéllas más largas ya tienden a moverse hacia arriba en el mediano y largo plazo.
De no haber cambio en las políticas mencionadas, la variable de ajuste será la inflación.

Por otra parte, en una economía abierta, el alza de tasas de interés doméstico, inducirá la entrada de capitales desde el resto del mundo, donde las políticas monetarias expansivas, especialmente en EE.UU. y Europa, proveen un abundante flujo de capitales que cancela otro factor de ajuste, como la devaluación nominal del peso. Entonces, es fácil advertir que el déficit en cuenta corriente está más que financiado este año con el superávit de la cuenta de capitales. Por lo tanto, nuestro país acumulará reservas en las respectivas cuentas del Banco Central.

Creemos que el ajuste fiscal, ya sea a través de una reducción de la tasa de crecimiento del gasto o un aumento de los ingresos tributarios u otros ingresos fiscales, no está especialmente disponible en períodos en que el ciclo político nos acerca a un cambio de autoridades parlamentarias y sobre todo la elección presidencial a fines de 2013.

Entonces, para evitar la inflación, el Banco Central no tendrá más alternativa que imprimir un sesgo contractivo a la política monetaria si no quiere que la tasa de inflación durante el próximo año se acerque peligrosamente al techo del rango meta que utiliza para centrar las expectativas de inflación en el centro de dicho rango, es decir un 3% en un período razonable, que va desde 12 a 18 meses.

El análisis que hemos realizado no considera la debilidad de Europa, que no ha logrado ajustar sus desequilibrios por los importantes efectos que las políticas de ajuste tienen allí sobre la población. EE.UU. también muestra una fragilidad en su larga trayectoria de recuperación, de más de 50 meses desde que se inició la crisis a fines de 2008. Este crecerá con fragilidad cerca del 2% y deberá resolver el abismo fiscal antes del 31 de diciembre de este año. De lo contrario, entrará en recesión.

Por lo tanto, estos efectos podrían bajar aún más nuestra tasa de crecimiento del producto para 2013.

Si somos optimistas y pensamos que EE.UU. y Europa se moverán a mejores escenarios, nuestro crecimiento para el próximo año será de aproximadamente 4.2% y la tasa de inflación, asumiendo un ajuste monetario moderado, se acercará al 3.5%.

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