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Columna: Posibles efectos del fallo de La Haya. Verónica Neghme

Veronica_Neghme
A pocos días de ser dado a conocer a la opinión pública el fallo de la Corte Internacional de la Haya por la demanda de límites marítimos que interpuso Perú, las señales parecieran apuntar a un desconocimiento del límite marítimo que nuestros juristas defendieron -apoyados por un equipo externo- y/o a una pérdida importante de espacio marítimo de mar territorial de doce millas marinas y de la zona contigua de 24 millas de la Zona Económica Exclusiva de las 200 millas marítimas. Sin conocer el fallo, todas son meras especulaciones, aún cuando Perú ha dado señales exitistas y Chile ha convocado al Cosena, dando una señal de unidad y de acatamiento al fallo, cualquiera sea su resultado.

En Chile, la opinión pública espera que la Corte falle conforme a derecho, y si es así, tendríamos que pensar que al ir Chile a la Corte de Justicia (debido a que adhiere al Pacto de Bogotá), ha aceptado dirimir una controversia interpuesta por el Perú por medios pacíficos. Por la actitud de ambas partes, ello no estaría en cuestión en el ánimo de los dos países vecinos, y por lo tanto, debiera esperarse una continuidad en las relaciones de ambos países.

Pero si el fallo no se ajustara a restituir el derecho que Chile ha alegado en torno a su soberanía marítima, ¿existirían efectos políticos en las relaciones entre ambos estados? La tesis instalada de las “cuerdas separadas” (relaciones políticas por un lado, e intercambios económicos por el otro), ¿podría romperse? ¿Qué pasaría con las consecuencias políticas que esto pudiera originar en otros vecinos que conforman la Comunidad del Pacífico Sudoriental de América del Sur, si a raíz del fallo se cambiara el criterio del paralelo como límite de las soberanías marítimas? Podríamos esperar que cualquier cambio de límites, traiga consecuencias más allá del derecho, puesto que se vería afectado un espacio marítimo no sólo de riqueza pesqueras (que son finitas) -como reclaman hoy los pescadores artesanales de Chile-, sino también una plataforma continental de riquezas mineras y otras desconocidas que se encuentran en la profundidad del mar, y que en algún momento podrían ser extraídas con alta tecnología. Se trata de un espacio soberano de valor económico y estratégico.

En un país como Chile, que ha seguido por años una política exterior adherida al respeto al derecho internacional, con una diplomacia quizás demasiado apegada a éste, no cabe otra actitud que acatar el fallo, cualquiera sea. Pero las sensibilidades en torno a nuestro espacio marítimo soberano y nuestras riquezas pesqueras y no pesqueras subsistirán, aún cuando existan compensaciones. En este contexto, las vinculaciones con Perú, país con el cual están enlazados muchos asuntos que nos unen (TLC, Alianza del Pacífico, asuntos de seguridad, migraciones, etc), debiera llevarnos a abrir espacios graduales que zanjen definitivamente la controversia, para no abrir nuevos flancos que pudieran dañar la potencial riqueza existente en los vínculos bilaterales. Y la diplomacia chilena debiera a futuro contemplar variables geopolíticas, políticas y estratégicas, en consuno con expertos, porque la complejidad de los problemas del Siglo XXI así lo amerita.

Verónica Neghme E.
Directora Ejecutiva
Instituto de Estudios del Pacífico y del Indico
Universidad Gabriela Mistral

Columna publicada en La Tercera.com en Especial Fallo La Haya
22 de enero 2014
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