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Columna: Un Regalo Inolvidable. Patricio Reyes


Esta Navidad busquemos la felicidad no únicamente como objetivo personal, sino como acto responsable a cumplir con quienes nos rodean.

Siempre es grato recibir un regalo a fin de año, aunque no sea algo tangible. Hay algunos que apreciamos especialmente y tienen que ver con actitudes, conductas y consideración a la dignidad humana, pero que a veces se olvidan.

En las organizaciones, esto puede ir en dos sentidos, vertical y horizontal. El primero es el de directivos a dirigidos y el inverso, de colaboradores a jefes. El segundo es entre pares, es decir, compañeros de trabajo que deben usar sus energías para mantener un clima laboral adecuado, que ayude a los resultados y a un ambiente de colaboración y de compromiso con el grupo.

El “viejo pascuero” es una fantasía que a muchos nos llenó de alegría cuando niños y que después nos ocupamos de proyectar a quienes nos seguían: hijos, sobrinos, nietos. Lo tomamos como modelo de generosidad, cariño y hasta de responsabilidad para cumplir con lo que los menores quieren y esperan de los mayores.

Esta Navidad podríamos volver a ser un poco niños y jugar a esa fantasía infantil, buscando la felicidad no únicamente como objetivo personal, sino como acto responsable a cumplir con quienes nos rodean, no sólo en familia o entre amigos, sino que también en el ámbito laboral.

Regalémonos respeto, lealtad, humildad, honestidad, espíritu de servicio, pues valores humanos como éstos -que no se venden en el comercio- están en nosotros y depende de nuestra actitud entregarlos a los demás. No se requiere de papel ni cinta y causan tanta o más felicidad que el más representativo de los obsequios materiales.

Hagamos un regalo inolvidable y ayudemos a enfrentar el incierto futuro con mayor esperanza, comprensión y unidad.

Patricio Reyes
Académico Facultad Economía y Administración
Publicado en Estrategia, 11 de diciembre 2012

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