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Columna: ¿Y por qué no una sola cámara legislativa?

gustavo_martinez

En La Segunda del día 14 de agosto se publicó la columna escrita por el profesor Gustavo Martínez y la cientista política, Paloma Torres:

¿Y por qué no una sola cámara legislativa?
La sorpresiva presentación del proyecto de reforma al sistema electoral binominal actualmente vigente y la rápida contraofensiva del gobierno del Presidente Piñera traerán como resultado natural un proceso de negociación que demorará su tiempo.
Ambos proyectos presentan importantes similitudes, pero también diferencias de consideración, particularmente en lo que respecta a la forma de elección de los senadores.
En el proyecto del Gobierno, se aumenta el número de senadores de los 38 actuales a 40, para permitir que la Región de Arica y Parinacota pueda elegir sus representantes a la Cámara Alta. No obstante, en las regiones más pobladas del país y que configuraban dos circunscripciones senatoriales, ellas se funden permitiendo elegir a 4 senadores. Además de la Metropolitana, sería el caso de las regiones del Libertador Bernardo O’Higgins a La Araucanía.
En el caso del proyecto de RN y el PDC, el Senado aparece constituido con una fórmula mixta, ya que combinaría procedimientos mayoritarios y proporcionales. Los ocho restantes serían elegidos nacionalmente por un sistema proporcional, que suponemos es de cifra repartidora D’Hont.
Hay, empero, una interrogante previa: ¿Por qué tener dos cámaras en vez de una sola?
El bicameralismo tiene hoy día justificaciones muy escasas y ellas están asociadas a los estados cuyas distribuciones de competencias territoriales son las propias del Estado federal, como el caso de Estados Unidos.
En los estados federales auténticos, el Senado representa a los estados y no a la población. Con independencia de la cantidad de gente que vive en éstos, de su extensión geográfica o de su contribución al PIB del país, cada estado miembro está representado por el mismo número de senadores. No así la Cámara Baja que tiene una representación equivalente a la población de sus estados miembros.
Salvo los estados federales, el bicameralismo en nuestros días requeriría de una justificación que sería imposible encontrar en un estado unitario con cierto grado de desconcentración administrativa. ¡Simplemente no hay razones para ello! Aún más, son muchos los países que han optado por legislativos unicamerales, tanto en América Latina como en Europa. Noruega y Suecia son buenos ejemplos de parlamentos unicamerales.
Sería interesante comparar la productividad legislativa de los parlamentos y/o congresos unicamerales con los bicamerales. La necesidad de mayor rapidez legislativa juega a favor del unicameralismo. Este debería ser un tema de reflexión en cualquier discusión y debate sobre reformas a introducir a nuestro régimen electoral. En ambos proyectos de reforma al sistema binominal, las circunscripciones senatoriales se mantienen como están hoy día y no son más que distritos diputacionales ampliados.

La Segunda
14 de agosto 2013

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