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Comparación de los terremotos de 1985 y 2010

Este último terremoto del 27 de febrero de 2010 es el más fuerte en Chile desde el de Valdivia de 1960. De acuerdo a la escala de Richter, que mide la energía disipada en el epicentro, el terremoto de 2010 alcanzó a 8,8 grados. En comparación, el terremoto de 1985 alcanzó tan sólo a 7,8 grados. Como la escala de Richter es una escala logarítmica, esto significa que la energía disipada en el epicentro del terremoto de 2010 fue diez veces mayor que la energía disipada en 1985.
La profundidad del epicentro del terremoto de 2010 también fue mayor que la de 1985, lo que implicó que el área territorial cubierta por este último terremoto fuera muchísimo mayor que el área cubierta en 1985. Por lo tanto, la extensión de los daños también es más grande.
Respecto al número de víctimas, el terremoto de 1985 provocó 177 muertos; mientras que las cifras preliminares de 2010 elevan la cifra a más de 800. El número de casas destruidas en 1985 alcanzó a 142 mil; mientras que las cifras preliminares de 2010 elevan este número a alrededor de 500 mil.
A diferencia de la situación actual, en 1985 el país contaba con un gobierno efectivo y organizado, por lo que la ayuda fluyó oportunamente; las comunicaciones se restablecieron a las horas de producido el sismo; y nunca se perdió la conectividad del país. La infraestructura carretera sufrió daños menores, y el mayor daño se concentró en los puertos de la zona central. El aparato productivo se puso en marcha rápidamente y los puertos dañados comenzaron a operar a los pocos días del sismo.
En 2010, la conectividad del país se interrumpió durante varios días; las comunicaciones desaparecieron durante varios días; la población sufrió saqueos de pobladas descontroladas; se produjo desabastecimiento de agua, electricidad, y combustibles; y la ayuda básica a la población se demoró varios días en llegar. Por todo esto, el aparato productivo de las zonas más afectadas se paralizó en forma parcial.
Respecto del costo económico del terremoto, las estimaciones de la época permiten pensar que los daños de 1985 alcanzaron al 6,3 por ciento del PIB. Esto significó que se destruyó aproximadamente un 1,9 por ciento del stock de capital de la época.

Alrededor del 70 por ciento de este monto destruido fueron daños que sufrió el sector privado, y el 30 por ciento restante fueron daños a la infraestructura pública, principalmente puertos y carreteras.
Respecto del actual terremoto, todavía no hay cifras claras de los daños causados. Se han dado tres estimaciones en la prensa. La primera, de Universidad Adolfo Ibáñez que ubica los costos del terremoto en el rango de los 7 mil millones de dólares. La segunda estimación, de una consultora americana, ubica los daños del terremoto entre los 15 mil y los 30 mil millones de dólares. La diferencia de las estimaciones estriba en la extensión de los daños, y en si son o no reparables las viviendas afectadas.
Si nos quedamos con la cifra intermedia: 15 mil millones de dólares; esto implicaría un costo total en 2010 equivalente al 8,5 por ciento del PIB; lo que representa la destrucción de un 2,9 por ciento del stock de capital del país.
Respecto del efecto macroeconómico del terremoto, hay un defecto metodológico en nuestras cuentas nacionales, que no nos permite medir apropiadamente su verdadero impacto. Cuando se destruye el stock de capital con el terremoto, esto no se toma en cuenta; en cambio, la inversión que se hace para reponer lo destruido se contabiliza como una inversión nueva y aumenta el PIB. Con esto se llega al absurdo de que con un terremoto, se acelera el crecimiento del PIB con la contabilidad oficial.
Bien medido, la destrucción inicial equivalente al 8,5 por ciento del PIB habría que contabilizarla como una inversión negativa, por lo que el país tendría que crecer un 8,5 por ciento para quedar definitivamente con un crecimiento neto de cero. Como se ignora la destrucción inicial, el crecimiento medido no sólo va a ser positivo, sino que va a acelerar respecto a lo previsto inicialmente.
Respecto al impacto sectorial, en 1985, junto con el terremoto, existió simultáneamente un ajuste macroeconómico destinado a devolver el déficit en cuenta corriente a un valor manejable. El ajuste provocó una contracción del gasto interno real de -1,9 por ciento del PIB. Por otro lado, el alto tipo de cambio real de 1985 estimuló un crecimiento real de 12,3 por ciento en las exportaciones. La combinación de estos tres estímulos: ajuste en el gasto interno, fuerte expansión en las exportaciones, y el terremoto de Marzo; condujeron a un crecimiento anual del PIB de tan sólo un 2,4 por ciento.
Cuando se miran los distintos sectores, se observa una expansión en los sectores ligados a los recursos naturales: agricultura y pesca con 5,6 por ciento, y minería con 2,2 por ciento. La contracción del gasto interno llevó a que se contrajera el comercio en un 6 por ciento, y la industria creciera solo 1,2 por ciento. En contraste, la inversión
bruta del país creció un 26,8 por ciento y el sector de la construcción creció un 16,1 por ciento. ¡La construcción fue lejos el sector más beneficiado con el terremoto!
Cuando se mira la situación actual, se puede inferir una fuerte aceleración en la inversión bruta, la que fácilmente debiera crecer por sobre el 20 por ciento. Esta aceleración en la inversión debiera beneficiar fuertemente a la construcción, la que podría crecer en más del 15 por ciento en 2010. La construcción tiene un fuerte efecto multiplicador, por lo que esta aceleración en la construcción debiera impactar favorablemente sobre los otros sectores y generar un gran aumento en el empleo. El PIB medido debiera acelerarse en alrededor de 1,5 puntos porcentuales, por el efecto de reconstrucción.

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