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Consecuencias económicas del último terremoto en Japón

Hace pocas semanas, Japón fue golpeado por uno de los más terribles terremotos registrados en la historia. A la furia del movimiento sísmico, se le sumó un enorme tsunami que generó olas destructivas, que se arrastraron varios kilómetros de costa, sembrando muerte y destrucción. Para colmo de males, el tsunami provocó la destrucción parcial de la central atómica de Fukushima. Daños en el núcleo de tres reactores de la central de Fukushima generaron una fuga radioactiva, que generó un problema grave de seguridad en la población de Japón.
¿Cuáles son las consecuencias económicas previsibles de este desastre? En primer lugar, el efecto económico inmediato es inducir una recesión en Japón. La economía japonesa estaba creciendo a un ritmo cercano al 2 por ciento anual. Con la destrucción del stock de capital asociado a este terremoto, la paralización de varias fábricas y unidades productivas, la economía japonesa debería entrar en una recesión especialmente fuerte durante el segundo trimestre de 2011. Como Japón es la tercera economía del mundo, con un PIB que representa alrededor del 10 por ciento de la actividad mundial, la desaceleración japonesa desacelerará el crecimiento del mundo en alrededor de 0,4 puntos porcentuales durante el segundo trimestre de este año.
La recesión fue acompañada por una fuerte caída bursátil en Japón, que significó una caída de la riqueza financiera del país. Esto produjo un efecto de arrastre sobre el resto de las bolsas del mundo.

¿Cuánto tiempo durará este efecto adverso? Es difícil saberlo. El control de la radiación de la central nuclear de Fukushima es fundamental para detener la emergencia y devolver la vida del país a la normalidad. Desafortunadamente, la desactivación de esta central parece estar tomando meses antes que días, por lo que el estado de emergencia puede prolongarse.
El terrible costo en vidas humanas que produjo la catástrofe debiera incrementarse a futuro con las personas que reciban dosis letales de radioactividad, y el consiguiente desarrollo de enfermedades mortales.

Una vez que se logre apagar y desactivar la central de Fukushima en los próximos meses, la emergencia habrá pasado, y deberá comenzar la ardua tarea de reconstruir los daños. Esto requerirá movilizar todas las fuerzas del país. Seguramente la gran eficiencia nipona se manifestará una vez más en los esfuerzos de reconstrucción. Pero esto también toma tiempo. Probablemente si logran reconstruir de aquí a un año la mitad de todo lo destruido será un gran éxito.

En un año más, el esfuerzo de reconstrucción debiera impulsar fuertemente la inversión japonesa, lo que a su vez debiera acelerar el crecimiento de la economía. Es posible que el ritmo de crecimiento supere el 3 por ciento anual durante 2012. El esfuerzo de reconstrucción de Japón debiera impulsar la demanda mundial por materias primas.
Quizás el efecto más perdurable de esta catástrofe es haber puesto en tela de juicio la seguridad de las centrales de energía nuclear, especialmente en países que tienen riesgo sísmico. No cabe duda que este accidente va a generar nuevos diseños en pro de centrales nucleares más seguras en el futuro.

El temor de las personas a sufrir las consecuencias de un desastre nuclear seguramente va a llevar a los distintos gobiernos a disminuir la construcción de nuevas centrales nucleares en el futuro, y probablemente a desactivar algunas centrales nucleares antiguas en operación. Algunos países europeos tienen su matriz energética fuertemente concentrada en electricidad basada en plantas nucleares. Más del 40 por ciento de la electricidad de Alemania, y alrededor del 70 por ciento de la electricidad de Francia está basada en energía nuclear.
Las energías verdes alternativas, que podrían ser teóricamente una opción alternativa, son todavía demasiado caras como para introducirlas masivamente dentro de las matrices energéticas de los países. Es importante intensificar la investigación que permita hacer que a futuro estas energías verdes sean verdaderamente una alternativa. En el intertanto, la única opción económicamente viable son las plantas a carbón o a petróleo.

Por lo tanto, si los países tratan de evitar las plantas nucleares en el futuro, esto aumentará fuertemente la demanda por centrales térmicas a carbón o petróleo. Esto llevará a incrementar aún más la demanda mundial por petróleo, lo que augura un futuro con altos precios del oro negro.

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