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Dos antagonistas con propuestas similares aspiran a gobernar Corea del Sur

Las elecciones de Corea del Sur enfrentarán a la conservadora Park Geun-hye y al progresista Moon Jae-in, que pese a sus diferencias ideológicas comparten el reto de recortar la influencia de los grandes conglomerados empresariales sobre la esfera política.

Siete candidatos en total se presentan a los comicios del 19 de diciembre, que sin embargo se plantean como una reñida carrera a dos entre Park y Moon, cuyas propuestas se aproximan en muchos ámbitos a pesar de sus perfiles completamente antagónicos.

A sus 60 años Park Geun-hye, hija del dictador Park Chung-hee, cuyo gobierno propició hace tres décadas un gran salto económico empañado por graves violaciones de los derechos humanos, concurre a las elecciones como líder del partido Saenuri, que domina el Parlamento con 152 de los 300 escaños.

Moon Jae-in, de 51 años, exactivista demócrata encarcelado en los 70 por la dictadura, experto abogado en la defensa de los derechos humanos y antigua mano derecha del fallecido expresidente progresista Roh Moo-hyun, es la apuesta del Partido Democrático Unificado (PDU), principal fuerza de la oposición.

En materia económica, tanto Park como Moon desean desmarcarse de las políticas del actual presidente, el exempresario Lee Myung-bak, que han permitido al país salir airoso de la crisis global a cambio de aumentar el poder de las multinacionales surcoreanas y rebajar el poder adquisitivo de las clases trabajadoras.

Park Geun-hye, que ya tiene asegurado el apoyo de los sectores más conservadores, propone reducir el elevado poder de los grandes conglomerados o “chaebol” del país con su política de “democracia económica”, en un aparente intento de captar los votos de millones de centristas e indecisos.

“Poner en práctica políticas que mejoren la vida cotidiana”, como enfatizó en uno de sus recientes discursos, y reducir la deuda de las familias de más de 700.000 millones de euros “que amenaza con desestabilizar la economía” son otras recetas de la primera mujer candidata a la presidencia de Corea del Sur.

Por su parte, Moon Jae-in también aspira a rebajar el peso de los “chaebol” como Samsung o Hyundai, además de reducir la creciente brecha entre ricos y pobres en un país en el que uno de cada cuatro hogares no alcanza los ingresos mínimos de subsistencia, según datos recientes de un instituto estatal.

El candidato progresista promete, además, “ser el presidente que proteja el derecho a la salud de las personas y el derecho a la vida del paciente”, recuperando la vieja aspiración de la izquierda surcoreana de sustituir el actual sistema semipúblico de copago por la cobertura sanitaria universal.

Las similitudes entre ambos candidatos son mayores, si cabe, en política exterior, ya que tanto Park como Moon han expresado su intención de mejorar las deterioradas relaciones con Corea del Norte y mantener la buena salud de la alianza militar con EEUU, que mantiene casi 30.000 efectivos en el país asiático.

La base electoral de Park Geun-hye se compone en buena parte de ciudadanos de la tercera edad defensores de las políticas impulsadas por su padre en los 60 y 70, además de las clases acomodadas, temerosas de que Moon grave su patrimonio con más impuestos.

Por su parte, el candidato del PDU cuenta con más apoyos entre las clases humildes y trabajadoras y sobre todo entre los jóvenes, en general ávidos de cambio tras reducirse sus oportunidades laborales en los cinco años de gobierno del conservador Lee Myung-bak.

Al igual que en otras elecciones, los fuertes regionalismos existentes en Corea del Sur jugarán un papel clave, lo que ha llevado a los candidatos a extremar sus esfuerzos de campaña en las regiones a priori más hostiles.

En las provincias del suroeste, tradicional feudo del PDU, el partido conservador de Park es tan impopular que apenas logró el 9 por ciento de los votos cuando ganó las presidenciales de 2007, mientras la región sudoriental siempre ha caído, salvo raras excepciones, del lado de Saenuri.

El vencedor de las elecciones surcoreanas se convertirá en el sexto presidente de la VI República de Corea -proclamada en 1988 con el regreso de la democracia tras décadas de dictaduras- e iniciará oficialmente en febrero su mandato no renovable de cinco años.

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