Subir

Edmundo Olfos: “Nuestra meta es ser campeones”

Edmundo Olfos
Cuando se habla de rugby, Edmundo Olfos, el entrenador de la selección de la Gabriela Mistral, es palabra autorizada. Y es cosa de escudriñar un poco en su currículo deportivo para darse cuenta.

Fue figura en Old Mackayans, capitán de la selección de seven, número puesto en la de quince y jugó en Sudáfrica e Inglaterra, dos países en los que el deporte de la ovalada es de los más populares.

Sin embargo, y pese a lo que pudiera pensarse, los inicios del “Longa” no fueron fáciles. “Empecé desde chico, en el Saint John’s de Concepción. Después nos fuimos a Viña y llegué al Mackay, donde el rugby era muy importante. Y me destaqué, pero más que por mis cualidades físicas o técnicas, por las ganas. Nunca fui de los mejores”, recuerda.

Cuando tenía 17 años lo llamaron a la selección M-19 y tuvo la oportunidad de jugar el Mundial de Lyon, en Francia, en el que Chile ganó la Zona 3 y ascendió. Después de salir del colegio, entró a Ingeniería Civil Industrial en la Adolfo Ibáñez. La experiencia sólo duró un par de años.

“Era bien bueno para las matemáticas, pero me quitaba mucho tiempo para el rugby. Lo pensé y me fui a trabajar con mi papá y seguí entrenando a los chicos en el Mackay. Igual estaba desesperado sin poder dedicarme ciento por ciento al deporte”, relata.

¿Qué hizo? Agarró sus cosas y partió a Sudáfrica. “Me fui a la Universidad de Stellenbosch, que es espectacular. El rugby allá es casi una religión. Estudié Ciencias del Deporte con la idea de ganarme una beca, pero me la tenía que jugar. Eran cuatro equipos para becados y quedé justo en el cuarto. Estuve dos años y aproveché de meterme en cursos de coaching, de masajes, de personal trainner e hice el Nivel 1 de la IRB (Internacional Rugby Borrad). Me tuve que volver porque falleció mi papá”, explica.

Con una gran experiencia regresó a trabajar en el negocio familiar, aunque nunca dejó de hacer clases. En 2003, fue elegido el mejor rugbista de Chile y le ofrecieron irse a jugar a Inglaterra, otro de los países en los que la ovalada es la reina.

“Ya era seleccionado adulto, capitán del seven y había jugado el Mundial de Mar del Plata. No quería dejar a mi familia botada, pero me dijeron que partiera no más. Tuve la suerte de jugar profesionalmente una temporada. Me pagaban buena plata y actuaba por el segundo elenco de los Penzance Pirates de Cornwall, un equipazo”, dice el tercera línea.

Problemas con la visa lo trajeron de vuelta. Y el periplo se suponía que continuaría en uno de los lugares donde mejor rugby se juega: Nueva Zelanda, la cuna de los All Blacks. “Tenía la invitación de un club y me quería ir, pero me fui metiendo más en el coaching, conocí a mi señora, me enamoré y me quedé”, afirma Olfos.

Entonces, se trasladó a Santiago, comenzó a entrenar a alumnos del Grange y está muy metido en la Federación de Rugby con el seven. Es más, sigue con la intención de volver a jugar (las lesiones lo han alejado de las canchas) y sueña con estar nuevamente en la selección.

“Tengo 33 años y todavía me queda. El solo hecho de pensar que hay jugadores en Primera división que tienen casi cuarenta me motiva. Y mientras un doctor no me diga que no puedo más, voy a seguir”, aclara.

-¿Cómo llegas a la Gabriela Mistral?
“Hace dos años me llamaron a través de Francisco Cruz, quien me comentó que andaban buscando un entrenador. Fui a una entrevista y todo salió bien”.

-¿Con qué te encontraste al principio?
“Cuando empecé a dedicarme al coaching en Viña, me ofrecieron trabajar en algunas universidades, pero siempre me dijeron que era muy light, con problemas de motivación y esfuerzo. Y yo no quería pasar rabias. Pero la Mistral fue una buena posibilidad. Me hablaron un par de jugadores y me metí. Le agarré cariño a un grupo y, aunque pasamos semanas con diez alumnos entrenando, de a poco hemos ido aumentando y ya somos 25”.

-No es malo…
“Para nada. Tenemos un gran plantel y la Universidad apoya mucho al deporte, lo que agradezco, ya que hemos podido becar a algunos jugadores. Hay un buen equipo y contamos con un staff de trabajo, aprovechando que armé una empresa de asesoría deportiva y he juntado a profesionales de distintas áreas para que me ayuden a desarrollar mi sueño. En la UGM estoy con Juan Ignacio Irusta, quien también es entrenador”.

-¿Cómo ha cambiado el equipo desde que llegaste?
“Ha mejorado y se notan avances. Es la labor de ellos. Me enfoqué en la concentración, en la superación, en que dieran todo lo que tienen. Es que es mi filosofía de vida. Ese switch de mentalidad lo pudimos cambiar y logramos darle una base al equipo. Hoy tiene personalidad y hemos creado carácter en varios alumnos, lo que me tiene muy contento. Además, el grupo humano es excelente”.

-¿Cómo juegan tus equipos?
“Trato de darles las herramientas para jugar con cualquier sistema: a la mano o cerrado con los forwards. Obviamente, como muchos no tienen un rugby desde el colegio, les cuesta el handling y es mucho más fácil ir al choque, pero hay jugadores de Primera división que nos dan una base y un muy buen juego. Ellos son los que marcan la diferencia y ayudan al nivel de los demás”.

-¿Cuales son las metas?
“Indudablemente es llegar lo más arriba posible. Estamos peleando palmo a palmo con la PUC, y les hemos ganado los últimos dos partidos. Pero nuestra meta es ser campeones y para eso tenemos que derrotar a la Universidad de Chile, que cuenta con seis seleccionados chilenos actuales. Es complicado, pero el apoyo de la Mistral es muy importante y eso me tiene muy contento”.

Share Button