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El Pacífico que une

El próximo 18 de agosto se cumplen cincuenta y tres años de la Declaración de Santiago que dio origen a un esfuerzo internacional de cooperación entre Chile, Perú y Ecuador en torno a la defensa de las 200 millas marinas de, lo que posteriormente ,se conocería como la Zona Económica Exclusiva. La incorporación posterior de Colombia vino a reforzar a este grupo de países. La visión de quienes concurrieron al acuerdo adquiere hoy mayor importancia que en esos años ya que las consideraciones de soberanía, de riquezas económicas marinas y de protección de esos espacios , que podrían haber parecido exageradas al momento de su firma, hoy están más que confirmadas por el interés comercial y estratégico que esos espacios han adquirido. Salvo contadas excepciones, los temas que durantes estos años han llamado la atención, han servido para unir y estrechar los lazos en la búsqueda de soluciones colectivas, a los problemas suscitados por los apetitos de los países de otros latitudes que ven en estos mares una posibilidad fácil para obtener las proteínas marinas que buscan para alimentar a su población, sin hacerse cargo de las consecuencias que su actividad extractiva producirían en los estados ribereños.

La dinámica del desarrollo y el crecimiento de la población mundial han hecho que los poderes adquisitivos de grandes contingentes de personas les permitan mejorar sus niveles de vida y desear mejor alimentación. Y los gustos más refinados los hagan exigir alimentos más sofisticados y ricos con las consiguientes demandas de ellos. Los que provienen del mar ocupan un lugar preferente en estas demandas y su obtención pasa a ser un tema de política internacional. Y en esto, el tamaño y el peso del poder político estratégico que algunos Estados tienen es decisivo para explotar, respetando muy poco ó casi nada las normas del derecho internacional marítimo, los espacios enfrente a las 200 millas que aún son ricos en peces. La única solución es buscar alianzas, más allá de las diferencias que puedan existir, saliendo del espacio regional y mirar hacia otras longitudes, ya que el conflicto se presenta también en los otros mares del Océano Pacífico. La defensa de las 200 millas marinas y de su riqueza no es ya sólo tarea de los organismos estatales, sino que también de los empresarios y de otros grupos de la sociedad que se identifica con la importancia de estas aguas. Es decir que se plantea ahora un interés supra nacional que sobrepasa los límites regionales y se extiende a todos los países costeros del Pacífico.

Los problemas marítimo son similares en todas las latitudes y en la solución de ellos Chile sigue siendo uno de los países más adelantados. Así lo demuestra el Acuerdo de Galápagos, el que aún está trabado en el Perú, pero que ha suscitado el interés de Australia y Nueva Zelanda. Sus empresarios han propuesto uno similar que abarque todo el Pacífico Sur y que incluya los espacios desde latitud 60 sur hasta la línea ecuatorial, limitado al este por el continente americano y al oeste por las aguas australianas adyacentes al Océano Indico. La potencia de este acuerdo, a lo menos, haría posible plantear normas comunes que permitirían establecer cuotas máximas para las especies migratorias y tranzonales que se desplazan por esta enorme zona. La constitución de una organización como esta, necesitaría de una autoridad similar a la que se le dio a la C.P.P.S. para coordinar la administración de estos espacios. Su peso político sería indiscutible además de sumar medios administrativos, científicos y navales en la vigilancia y control de ellos. Chile está preparado para ello y en alguna medida, la reciente firma del acuerdo P-4 haría posible que esto se hiciera realidad. Pero la lógica también indica que, establecido las normas fundacionales del acuerdo, otros estados pudieran sumarse a ellas dando respaldo a este intento de administrar, en forma racional actividades como la pesca industrial que, de otra manera, quedarían sin control efectivo. Las posibilidades son mayores aún, si pensamos que en todo el borde de la Cuenca existen organizaciones estatales y privadas que se preocupan por el futuro de la pesca y que los une la administración racional de estos espacios en concordancia con el derecho internacional marítimo. Entonces ,
¿porqué no buscar una gran organización transpacífico que finalmente, ordene la pesca en aras del interés común de nuestras poblaciones? El Pacífico no separa, une.

Jorge Martínez Busch
Director
Instituto de Estudios del Pacífico.
Universidad Gabriela Mistral.

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