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El Problema del dólar

La flotación cambiaria tiene varias ventajas pero también tiene inconvenientes importantes. Uno de los problemas más importantes de tener un tipo de cambio flotante es la excesiva volatilidad que experimenta el valor del dólar en cortos períodos de tiempo. En un momento el dólar está sobre los 700 pesos, y meses después puede estar bajo los 500 pesos. Esta fuerte fluctuación afecta en forma vital la rentabilidad de los negocios de exportación, introduciendo un riesgo innecesario a las actividades sobre las cuales se sustenta el crecimiento de la economía. Ciertos negocios de exportación pueden estar generando rentabilidades muy atractivas con un dólar de 700 pesos; estar con utilidades de cero con un dólar de 600 pesos; y estar perdiendo dinero con un dólar de 500 pesos. ¡En cuestión de meses un negocio de exportación puede pasar del cielo al infierno, por la fluctuación cambiaria! En Chile no existe un mercado futuro de dólares a los plazos en que operan los negocios de exportación, y los seguros de cambio son meros sintéticos financieros que copan la capacidad de endeudamiento de los clientes.
Una segunda desventaja del tipo de cambio flotante es que ajusta en forma automática y completa el equilibrio externo de la economía, a las condiciones de mercado del momento, que a muchas veces son transitorias. Así, por ejemplo, con un precio del cobre cercano a los 3 dólares por libra, el precio del dólar que equilibra la balanza de pagos, puede estar bajo los 500 pesos. Si el cobre siempre se fuera a quedar en estos niveles de precios, se podría argumentar que puede ser óptimo ajustar la economía a este nuevo equilibrio. Sin embargo, si el precio de equilibrio de largo plazo es inferior a los 2 dólares, claramente se está sobreajustando la economía.

Al ajustar la economía a un precio del cobre excesivamente alto, se genera un tipo de cambio muy bajo, que hace desaparecer actividades exportadoras que son convenientes para el país desde una perspectiva de largo plazo. Este fenómeno, que ha recibido el nombre de “enfermedad holandesa” en la literatura económica, se instalado en Chile desde 2004 y está afectando seriamente el crecimiento de tendencia del país.

La “enfermedad holandesa” recibe su nombre por el enorme impacto negativo que tuvo sobre las exportaciones de Holanda, el descubrimiento de gas en el mar del norte. Parece paradójico que una buena noticia, como el descubrimiento de nuevas riquezas, genere una situación de empobrecimiento sobre amplios sectores del país. Sin embargo esto es lo que ocurrió en Holanda. Muchos países han experimentado ese fenómeno, y Chile no es la excepción.

En este sentido, un precio del cobre de 3 dólares por libra, genera un precio de equilibrio de un dólar flotante bajo los 500 pesos. Con este bajo precio del dólar, muchos productos de exportación, en los que el país tiene claras ventajas naturales, como la fruta, los salmones, los productos pesqueros, los productos forestales quedan fuera de mercado. Si esta situación persiste, se está literalmente destruyendo la base exportadora del país. Como en esta estrategia de desarrollo, el crecimiento del país se apoya sobre las exportaciones, se están socavando las mismas bases del crecimiento, y la consecuencia natural es un freno en el crecimiento de tendencia del país.
En efecto, mientras en 1990 el crecimiento de tendencia de Chile alcanzaba al 7,0 por ciento anual, y a inicios de 2004, el crecimiento de tendencia del PIB alcanzaba al 4,2 por ciento anual, a fines de este año el crecimiento de tendencia del PIB se acerca tan sólo al 3,6% anual. Al dejar caer el tipo de cambio real, como se ha venido haciendo en las últimas décadas, se está perjudicando seriamente el crecimiento futuro del país.

La caída en el tipo de cambio real también está destruyendo la poca industria sustituidora de importaciones que nos está quedando. Este problema es especialmente grave en la industria manufacturera, que ha visto desaparecer y desindustrializarse al país en los últimos años. Ya casi no quedan industrias textiles, ni de calzado, ni de confecciones. También la agricultura tradicional, que es básicamente un sector que sustituye importaciones, se ha visto tremendamente afectado por la caída en el tipo de cambio real. La superficie sembrada en el país, que alcanzaba a más de un millón de hectáreas en 1990, se ha visto reducida a tan sólo 711 mil hectáreas en 2009. El bajo tipo de cambio real produce una crisis de proporciones en el trigo y cereales, en la producción de leche, de carne, y genera una situación de empobrecimiento general en el sector agrícola.

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