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ENTREVISTA EN REVISTA CAPITAL A PROFESOR DE FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES UGM

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En la edición del 24 de diciembre de la Revista Capital aparece publicada una entrevista a Julio Retamal, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades UGM.

A continuación la Entrevista:
REPORTAJES Y ENTREVISTAS:

LOS MIEDOS DE CHILE
Artículo correspondiente al número 268 (24 de diciembre de 2009 al 28 de enero de 2010)
Julio Retamal

El miedo es caer en un materialismo tan grande que destruya la sociedad

Conservador entre los conservadores, Julio Retamal –doctor en filosofia, historiador– tiene un coraje poco común para defender aquello en lo que cree: las bases espirituales que sostienen la sociedad occidental. Por lo mismo, observa el laicismo creciente del paIs y la declinacion de los valores cristianos como una amenaza que hay que enfrentar con todas las armas de la inteligencia. Conviccion y arrojo no le faltan. Por Marcelo Soto; fotos, Verónica Ortiz.

Al profesor Julio Retamal –doctor en filosofía por la Universidad de Oxford– no le interesa hacerse el simpático ni menos mostrarse relajado. “Si quisiera relajarme, tendría que sacarme la ropa. La gente confunde el relax con el relajo. Lo primero tiene que ver con la comodidad; lo segundo, con la degradación de las costumbres”, dice muy serio, mientras la fotógrafa que intenta retratarlo le pide que sonría.

Retamal cuida las palabras, porque conoce sus significados. Durante la conversación –en un salón del departamento que utiliza desde hace 40 años para organizar tertulias y en cuyos muros se observan cuadros del siglo XVIII– suele referirse al origen latino de ciertos conceptos que, de acuerdo a su perspectiva, han perdido su esencia debido a “la vulgaridad creciente de la sociedad moderna”.

Conservador de tomo y lomo, este académico de la Universidad Adolfo Ibáñez habla de los temores que enfren ta el mundo de hoy, desde la perspectiva de la elite. Dos aspectos le preocupan sobremanera: la crisis de la verdad y de la autoridad, que ha desarrollado en libros de amplia resonancia como Y después de Occidente, ¿qué? y ¿Existe aún Occidente? Ambos, publicados por la editorial Andrés Bello.

“La verdad se ha atomizado, se ha destruido. Y lo que viene ahora es la crisis de la autoridad. La autoridad implica la virtud que tiene una persona de dirigir a otras, y es un concepto mucho más profundo, más complejo que el poder. El latín auctôritâs viene del verbo augêre que es crecer. Por eso se dice auge y caída. Uno va creciendo en capacidades, en conocimiento, en dominio de sí mismo, para llegar en un momento dado a tener autoridad. Cuando se dice que un gran científico es una autoridad en la materia, significa que efectivamente ha llegado a los 70 u 80 años a ser una autoridad. Y lo que afirma ese científico no se discute. En cambio hoy la autoridad no existe, porque todo va tan rápido que nadie tiene tiempo para madurar. Los políticos tienen poder; los empresarios tienen poder; pero no necesariamente autoridad. Esta crisis de la verdad, y por consiguiente, de la autoridad, son dos de los grandes peligros que enfrenta Occidente. Y nuestro temor es que deriven en la destrucción de la sociedad”.

-Se ha dicho que en las sociedades más acomodadas, donde el confort material llega a amplios sectores de la población, el miedo es mayor que en otros períodos, cuando el peligro real acecha. ¿Está de acuerdo?

-Sucede que en la sociedad opulenta se produce una excesiva adoración o respeto por el dinero, y un gran temor a perderlo. Y me parece que eso no corresponde. El dinero es un simple medio de intercambio y ha variado a lo largo de la historia muchas veces: las monedas suben y bajan, los términos cambiarios fluctúan constantemente; de modo que uno no puede fijar la riqueza, el dinero, como un fin en sí mismo. Y eso es lo que ha ocurrido en gran parte de Occidente y está empezando a pasar en Chile.

-¿Existe el temor de que esta adoración por el dinero termine eclipsando todo otro anhelo, espiritual o afectivo?

-De esa forma se abandonan todas las cosas que no son valoradas en moneda. Es decir, para el hombre actual lo importante es ganar dinero, crear riqueza, todo basado en la plata. Sin embargo, hay muchos principios, fundamentos, anhelos secretos del hombre que no se miden en dinero. Y están siendo abandonados. Se sacrifica la moral completa por el culto al dinero. Si la empresa o la persona necesita vender un producto, poco importa si para hacerlo en un momento dado falta a las reglas éticas. No digo que todos los empresarios son inmorales. Lejos de eso, tengo gran admiración por ellos y de hecho soy empleado de algunos como profesor. Pero en muchos casos ocurre que es tanta la fijación y la obsesión y la adoración por el dinero, que se olvidan los otros fines. Y los otros fines son elevar el espíritu, dar información correcta, generar otro tipo de anhelos, otro tipo de instrumentos para medir el mundo, desarrollar el arte, la música, la expresión entre las personas, la amistad, la afectividad, y todo eso queda coartado de alguna manera por el culto excesivo al dinero.

-¿Cuál es el origen de este materialismo?

– Son períodos. Pasa siempre en las culturas que llegan a un grado de desarrollo elevado, en que el dinero empieza a reemplazar a todos los principios de la sociedad, incluso la política. Si usted se fija cuando los presidentes viajan al extranjero y se juntan, lo hacen nada más que para hablar de planes económicos, acuerdos comerciales, baja de aranceles, etc. Se olvida que los pueblos no son gobernados sólo por el dinero y para el dinero. Los pueblos tienen que ser orientados por la política, por el espíritu, la cultura, el arte, la sociabilidad.

-¿Piensa que vivimos en una sociedad en que el miedo a Dios, a faltar a la moral o al bien común, ha sido cambiado por el miedo a perder la pega, a no pagar las deudas?

-Yo hablo de los temores de la elite. En ese sentido, no tengo ningún falso complejo de decir que no soy de la elite cultural: sí, lo soy. No quiero parecer arrogante, pero llevo más de 40 años enseñando, tengo los grados académicos más altos, me han otorgado premios, he escrito libros, he viajado enormemente, he ocupado cargos, formo parte de una cantidad de asociaciones culturales de toda índole; por lo tanto sí, soy de la elite cultural. ¿Y qué es lo que uno observa con temor? La ausencia de Dios. Aparte del culto al dinero, Dios está siendo relegado al interior de unas pocas conciencias. La sociedad occidental se niega a hacer que Dios participe en la vida. Se ha establecido un laicismo terriblemente infructífero.

-¿No le otorga ningún valor al laicismo?

-El laicismo no cree en nada, por lo tanto deja todo por igual, no agita nada, no prefiere nada, no quita ni pone. O sea, es inactivo total. Los grupos interesados en barrer las cosas que no comparten, en llevar a cabo su agenda política liberal, se aprovechan de este laicismo. La prohibición de mencionar el cristianismo en la constitución de la Unión Europea es un hecho MUY grave. La obligación de sacar todos los crucifijos de los edificios públicos o de enseñanza so pretexto de que molestan a otras religiones es una barbaridad, porque Occidente es producto del cristianismo y, más aún, de un cristianismo bien concreto, el catolicismo.

-Algunos sectores de la Iglesia ven con preocupación el futuro, al constatar que la religión está en retirada, que hay menos vocaciones sacerdotales y que la enseñanza religiosa es cada vez menos importante.

-Bueno, un problema gravísimo de estos tiempos es desacralizar lo sagrado y sacralizar lo no sagrado. Si usted desacraliza la religión, transformándola en una especie de código moral social, pierde todo sentido, porque eso no es la religión. La religión es la relación directa con la trascendencia. La corriente laicista desacraliza también al Estado, en la medida en que lo margina de toda actitud o actividad espiritual. Al mismo tiempo se desacraliza la cultura, permitiendo que cualquier cosa sea considerada arte.

BASTION DEL CONSERVADURISMO

Retamal –que en 1972 debió ser sacado de la Universidad de Chile, con guardia policial, ante una turba de estudiantes allendistas que a punto estuvieron de lincharlo por “reaccionario”– no tiene pelos en la lengua a la hora de defender lo que cree correcto. Y en su caso, se trata de la tradición. “Lo importante es perseverar, perseverar, perseverar”, dice a lo largo de la entrevista. Tiene coraje el profesor, aunque a veces no estemos de acuerdo con alguno de sus argumentos. Al escucharlo disertar con tanta convic ción, sin miedo a levantar la voz ni a ser tajante, de pronto uno cree percibir el mismo entusiasmo y arrojo que debe haber impulsado las cruzadas. Y aunque la palabra miedo no es habitual en su vocabulario, su mayor temor es que se rompan las bases que sostienen la cultura occidental. Igual que los caballeros medievales, Retamal está dispuesto a luchar, a pelear por aquellos ritos y creencias que considera esenciales.

Y entrega un ejemplo: “en 1964 cuando cambiaron la misa luego del Concilio Vaticano II y se dieron vuelta los altares y se pudo hacer misa en castellano, quedé muy choqueado. Pero inmediatamente logré tomar contacto con otra gente y comenzamos a tratar de mantener el rito antiguo, y lo hemos mantenido 40 y tantos años. Una vez al mes me las arreglaba para tener un sacerdote, conseguir una iglesia, y cantábamos la misa en latín, en canto gregoriano y todos nos criticaban y se burlaban. Qué retrógrado, me decían y resulta que hace dos años el Papa restauró la misa antigua. La perseverancia es la única virtud del conservador. Uno puede caer en la cerrazón de mente, en el fanatismo, y yo espero no haber caído. Pero no puede dejar de ser consecuente y continuar y continuar”.

Retamal enumera algunos de los principios que definen al conservador: preferir la realidad que funciona a la utopía; igualar siempre para arriba, no para abajo, es decir, poner la vara alta; el rigor en la austeridad y, por último, aceptar los cambios superficiales, pero mantener la base sustancial, aquello que no cambia. Y en este último punto la familia es fundamental. No tanto por una idealización o nostalgia del orden familiar, sino porque allí está la semilla de la posteridad que permitirá, en definitiva, que Occidente siga existiendo.

-El conservador ve con horror cómo se ha desacralizado completamente la familia. Da lo mismo que sea dos hombres, dos mujeres o lo que ahora llaman la pareja, que no asume ninguna responsabilidad permanente, porque es una pareja sin hijos. Esto ha llevado a un efecto que nadie sospechó: la baja inmensa de la tasa de natalidad en Europa y Chile, donde estamos en 1,9. Se sabe que para que la población se mantenga se necesita una tasa de 2,11, y para que aumente, de 2,2 para arriba. Si estamos con una población envejecida por las ayudas de la técnica y la medicina, nos vamos a encontrar cada vez más con una pirámide invertida: una gran población de viejos y nadie que los reemplace. Eso en Europa es patético. En España están en una tasa de 1,1, vale decir un suicidio colectivo. Y eso viene con la desacralización de la familia, que significa su destrucción. Al mismo tiempo, y como contrapartida, cosas que no son sagradas se sacralizan.

-¿Cómo cuáles?

-La democracia, los derechos humanos, la libertad de la mujer para decidir si se casa o no se casa, para decidir si tiene hijos o no, porque ahí entonces se sacralizan cosas que no son de suyo sagradas. La democracia es una forma de gobierno muy buena, pero no es la única. El mundo ha sobrevivido miles de años sin democracia y se han producido los más grandes genios en todos los aspectos (religión, filosofía, arte, moral, política, economía) en regímenes que no son democráticos. Entonces, yo no voy a sacralizar la democracia como el único régimen. Cuando la democracia empieza a transformarse en el robo fiscal, en farándula o bien en un primitivismo indigenista, primario, o recurre a cosas tan añejas como el Partido Comunista, pierde su valor y yo no la defiendo. Que en estos momentos, gracias al señor Arrate, haya vuelto al poder el PC, que es el más antidemocrático de todos los partidos, eso es por así decirlo un suicidio de la democracia y no estoy dispuesto a aceptarlo. ¿Qué democracia es esta que está abriendo las puertas a nuestros propios venenos?

-Acaba de publicarse un libro llamado Dios no existe, del inglés Christopher Hitchens, que recopila ensayos sobre el ateísmo. ¿Ve con preocupación el aumento de corrientes que niegan la existencia de Dios?

-Hay más bien una indiferencia religiosa, que lleva a un nihilismo laicista, donde no me pronuncio sobre nada: si alguien quiere hacer el amor libre con un canguro, ¡que lo haga! Está completamente equivocado, mi amigo. Los canguros no hacen el amor con los seres humanos, por lo tanto los canguros protestarían. El orden natural se defiende hoy en día nada más que a través de la ecología, pero el orden natural implica que hay cosas que no se pueden suprimir, como son la fecundidad y la unión entre un hombre y una mujer para tener familia.

-Fue Nietzsche quien dijo la famosa frase “Dios ha muerto”. ¿Qué validez tiene esa declaración hoy en día?

-Yo diría que el ateísmo se desarrolló muy lentamente en Europa a partir del siglo XVIII, pero cuando llegamos al siglo XX no es tanto el ateísmo el que encontramos sino el agnosticismo, el indiferentismo, y no darle ninguna importancia ni siquiera a pensar en que puede haber algo trascendente; vale decir más allá de lo material: el espíritu, el alma, el genio creador, la fantasía, la imaginación, la belleza mística. Sin embargo, hay una cosa curiosa. Desde Oriana Fallaci a Lionel Jospin, ex primer ministro de Francia, hay una cantidad de ateos y agnósticos que dicen: la ciencia no pudo probar la existencia de Dios. Bien. Pero la ciencia tampoco pudo probar la no existencia de Dios. Y por último, si Dios es una fantasía, caramba qué fantasía más creativa. Los agnósticos han dicho: seguimos sin creer en Dios, pero no vamos a negar que en Occidente la Iglesia Católica y el cristianismo en general han jugado un papel fundamental. Entonces, es un ateísmo no agresivo. Naturalmente, esas son las cosas que me preocupan a mí, y a nosotros los educadores y los productores de cultura.

-Otro miedo que aparece en el horizonte es la posibilidad de una lucha de las civilizaciones, a la manera de Huntington. Un choque planetario, definitivo entre las religiones. ¿Lo ve como una amenaza?

-Sí y no. La gente por un lado no tiene muy claro lo que es Occidente, porque no se enseña ni en la familia ni el colegio, ni en la universidad;… ahora los temores yo diría que son básicamente económicos. La sociedad occidental está tan obsesionada con el dinero, que puede llegar a desintegrarse. El mundo que se mueve en torno a pura matemática económica, es un mundo nihilista, que Nietzsche anuncia a fines del siglo XIX, un mundo donde todo da lo mismo.

-¿El miedo a Dios ha disminuido?

-Nunca hubo miedo a Dios.

-¿Y en la Edad media?

-Nunca hubo miedo a Dios, cómo se le ocurre. Amaban a Dios, por eso hacían lo que hacían. Perdón, usted está confundiendo lo que se llama el timor dei, pero temor es respeto. No hay miedo a Dios. Puede que haya habido algunos autoridades o instituciones de la Iglesia que eran demasiado estrictas, como la Inquisición, que se ocupaba de los curas que faltaban a la castidad, que solicitaban a las mujeres en el confesionario, o de los pedófilos. Los juzgaba y los metía en calabozos, no los mataba ni los torturaba, pero los separaba inmediatamente.

-¿Occidente está en decadencia?

-Cuando las sociedades entran en el proceso civilizador; vale decir, decadente, empiezan a plantear solamente principios materiales, el poder del dinero. Uno no puede evitar decir: algo está fallando aquí. Y el miedo es que caigamos a un grado de materialismo tan grande que se destruya finalmente la sociedad. Nosotros queremos conservar la sociedad, porque creemos que Occidente es la cultura más alta de la humanidad. No sólo en tecnología y ciencia. Llegó a cumbres espirituales, a cumbres artísticas, filosóficas, y ver que esta sociedad se desarma, se destruye y se va al abismo, nada más que por si ganas más o menos dinero, si te luces, que viva la farándula, y hacer lo que se antoje, nos da verdadero terror. Paralelamente, otra idea muy popular es que hay que eliminar el pasado, abandonar el pasado. Eso es un traspié grave: si niego el pasado voy a capotar el futuro. El racionalismo va a llevar al ser humano a una indiferencia religiosa total, ese es el peligro. La desaparición de Dios, de la religión, que ha llevado el laicismo no sólo es peligrosa, sino muy seria.

-La palabra progresismo está de moda. Todos quieren captar el voto de los progresistas. ¿Cree que es un error?

-No tengo nada contra el progresismo en la ciencia, en la técnica, en el sistema de votaciones, pero si significa sentarse en el pasado, borrarlo, atacarlo, no. Eso es un falso progresismo y puede llevar a la destrucción de la sociedad. Occidente todavía no está en el proceso de destrucción irreversible, pero es un cuerpo que no tiene alma que defender. Occidente está empezando a defender nada más que los intereses económicos, las multinacionales, está quedando vacío por dentro. Entonces van entrando otras religiones que tienen mucha fuerza destructiva, como el Islam, y Occidente va quedando inerme. Cuando uno observa el pragmatismo confuciano chino, que funciona con el sistema comunista, y nosotros no tenemos nada parecido aquí, porque las reglas las da el mercado y no la moral, el futuro entonces se torna muy complicado. Cuando ve la India con un desarrollo científico extraordinario, pero ve que hay ciertos parámetros que no se abandonan, filosóficos y morales, uno también se asusta porque en Occidente no hay nada similar.

-¿Usted tiene temor de un choque con el Islam?

-Sí, pero no de una guerra. Esa etapa, que se vislumbró luego de la caída de las Torres Gemelas, esperemos que se haya terminado. Ahora el Islam se contenta con invadir tranquilamente Europa.

-¿Cree que los musulmanes están pacíficamente corrompiendo las bases de Europa?

-Según estadísticas, el Islam tiene un promedio de hijos de 8,1, y España se da el lujo de tener 1,1; Italia, el 1,2; Inglaterra, 1,5 y Alemania anda por ahí. Francia, como gran cosa llega, a 1,9. Entonces están invadiendo Europa, ya hay 20 millones de mahometanos que se están instalando y que no se occidentalizan, mantienen sus vestuarios y ritos. París norte, por ejemplo, es totalmente árabe. Para ellos esto no es ser francés: usan el pasaporte, la salud, la seguridad, la educación y el hospital gratis, pero las mujeres no hablan francés y para nada se identifican con el estado laico. Para ellos, Dios está antes que todo. Occidente no se da cuenta de que con la pérdida de su formación espiritual está permitiendo que corrientes que no son occidentales, ni democráticas ni legales vayan ganando terreno.

-¿Habría que poner límites o muros?

-No hablo de límites o muros, simplemente que los países europeos despierten de este consumismo bárbaro, este olvido de la familia, que vuelvan a premiar a la mujer casada y a la mujer que tiene más de dos hijos, que vuelvan a fomentar la familia bien constituida. El resto se va a dar solo.

-¿Está de acuerdo en Francia con la prohibición del uso de la burka?

-No estoy de acuerdo, porque terminó prohibiendo a los judíos usar el kebab y a los cristianos, usar la cruz. Así se ha transformado el Estado laico en un Estado perseguidor. Esa no es la solución, la solución es parar la inmigración y empezar a tener más hijos. Hay que empezar a poner barreras no físicas sino morales pero, para eso, Occidente tendría que re-espiritualizarse.

-Uno de los grandes temores de los chilenos es que sus hijos no tengan acceso a una buena educación. ¿Comparte esa preocupación?

-El problema reside en que no se enseñan las bases tradicionales, espirituales, sino puramente las técnicas, el manejo de aparatos electrónicos. ¿Por qué los niños de 6 años manejan tan bien los computadores? Porque esos artefactos están para personas que no ocupan la mente, sino la memoria, que es un desarrollo de la mente primario. Usar un computador no requiere de ningún proceso mental complejo. La tecla es tonta. El futuro de la educación claramente es un temor. Si no se vuelve a entender al hombre como un ser pleno, con un espíritu y un cuerpo, vamos rumbo al despeñadero. Me he fijado en que mis alumnos no tienen cultura. Sólo saben de You tube, Facebook. Eso no es más que entretención estúpida, información atropellada que no sirve, porque no hay capacidad ni tiempo de digerirla. La cultura general se ha perdido, porque la familia no existe. Puede que la gente esté muy bien casada, que lleven 40 años de matrimonio, pero nunca ven a los hijos, no comen con los hijos, no se juntan. Cuando por fin se juntan el hijo le dice al padre: ¡hola h…como estai! Y el papá dice: ¿qué querís? Ya toma, ahí tenís 40 mil pesos.

-¿La relación familiar se ha sustituido por la mesada?

-Claro, por creer que el muchacho o la niña lo único que necesitan es plata. No, pues. La crisis familiar es esto: la cultural general se ha perdido. Cuando yo era niño se hablaba en la mesa de cosas mas profundas, más amplias, no todo el tiempo de fútbol.

-¿Usted usa Internet?

-Por supuesto, pero sólo cuando no puedo usar los libros.

-¿Sabía que está en Wikipedia?

-No, yo no estoy.

-Hay una biografía suya en ese sitio.

-Pero yo no me metí. Alguien me metió. Mire, le quiero decir que yo critiqué mucho a Carlos Peña por una información que dio sobre el cristianismo, hace poco, en una columna. Le dije que parece que su información la obtiene de las selecciones del Reader´s Digest por lo antiguo y de la Wikipedia por lo grotesca. Yo no abro Wikipedia, porque ahí cualquier persona mete cualquier cosa.

-¿Se declara pesimista u optimista?

-Yo soy realista. Pero sí estoy preocupado, y preocupadísimo. La única característica positiva del conservador es ser consecuente consigo mismo, y estar todo el día alerta. Mantener viva la cultura. Siempre con la guardia alta, nunca dejarse derribar. Y perseverar, perseverar, perseverar.

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