Subir

Entrevista Sra. Alicia Romo – Diario el Mercurio

Domingo 5 de noviembre de 2006
Alicia Romo, rectora de la Universidad Gabriela Mistral y “decana” de las privadas:
“La ley de acreditación no va a garantizar ninguna calidad de nada”

Eduardo Sepúlveda M. – El Mercurio

ConferenciaLa suya es probablemente la más “rebelde” de las universidades chilenas. No acepta dinero del fisco (dice que quien da, siempre pide algo a cambio) y se opone a iniciativas como la acreditación estatal de las casas de estudios superiores. Alicia Romo, la “niña terrible” del sistema, responde -con su estilo frontal- a todas las preguntas justo cuando la UGM y el sistema privado cumplen un cuarto de siglo.
EDUARDO SEPÚLVEDA M. – El Mercurio

Aunque Alicia Romo tiene fama de ser extraordinariamente severa con los alumnos que estudian en su universidad, la fiesta con egresados que organizó la semana pasada para celebrar los 25 años de la UGM tuvo una convocatoria inusitada. Las entradas para la cena en CasaPiedra se agotaron y allá, en medio de la muchedumbre, la señora Alicia, como le dicen casi todos, se pasea orgullosa, y hay asistentes que dicen haber visto que parte del salón principal se puso de pie para aplaudir su discurso.

Como sea, la “decana” de las universidades privadas (la UGM tiene la misma edad que el sistema), si bien tiene un trato amable, no es dócil. De hecho, se ha opuesto a todos los intentos de introducir regulaciones estatales a las universidades y jamás ha aceptado un peso del fisco.

En el fondo, no quiere que nadie (y en especial el Gobierno) se meta con su universidad, la que ha construido lentamente, “a su imagen y semejanza”, bajo su atenta mirada e impidiendo que crezca a un tamaño que se haga ingobernable.

La administra junto a sus hijos, quienes la “heredarán”, cuenta.

Aro, “guata” y pelo largo

-En una entrevista reciente una de sus ex alumnas, Vivi Kreutzberger, dijo que la UGM era una universidad bastante “cuica”. ¿Está de acuerdo?

-No sé lo que significa verdaderamente “cuica”, pero en boca de la Vivi me suena que es una universidad simpática, ordenada, con gente con un modo de ser responsable, tranquilo… Es propio de la Vivi decir eso. Ella fue una alumna encantadora que estuvo aquí durante un tiempo y nosotros la queremos mucho.

-¿Y usted no es muy “mano dura” con sus alumnos?

-Pero es que “mano dura” significa que uno tiene claro lo que quiere; y que eso que se quiere, o que se debe hacer, se va a hacer de todas maneras. Significa que uno va a encontrar caminos para convencer a las personas que acepten esas ideas y que se matriculen en ellas. Eso es lo que hemos logrado en 25 años, conseguir que la gente se matricule con ese camino.

-¿Es cierto que a usted no le gusta que sus alumnos usen aros, pelo largo o minifaldas?

-Ese es un estereotipo grotesco. Es cierto que no me gustan los hombres con pelo largo ni con aros. Tampoco las mujeres con los vestidos cortos ni con la guata al aire, porque es poco digno, poco decoroso para lo que es la persona humana. Pero eso no quiere decir que yo no tenga alumnos con pelo largo ni niñas que usen las polleras cortas, ni que no los quiera. ¡Los quiero lo mismo! Sólo que cada vez que tengo oportunidad, trato de hacerlos reflexionar para que se den cuenta de que lo que están experimentando no es lo mejor para ellos mismos.

-¿Sus ex alumnos la quieren?

-Nosotros a los alumnos los queremos y lo único que anhelamos es que ellos también nos quieran, porque hemos tratado de darles lo mejor que podíamos.

-¿Y usted cree en los rankings de universidades? ¿Cómo ve a su universidad en comparación con las otras privadas?

-Estamos entre las “top ten”. A ver, los rankings yo creo que son fenómenos de comunicación, y los medios se han entusiasmado con ellos. A lo mejor sirven, aunque yo no estoy tan segura. No sé si obedecen del todo a la realidad, o si miden lo que verdaderamente se tendrá que medir… A mí en general no me gustan, pero está ahí y es de esperar que cada vez se aproximen más a la realidad y le sirvan a la gente para orientarla.

No al AFI

-Su universidad es bastante única, porque parece estar al margen del sistema. Por ejemplo, no ha querido recibir el Aporte Fiscal Indirecto
(AFI), que entrega el Estado a los puntajes más altos de la PSU…

-Nosotros fuimos la primera universidad a la que se le comunicó que se iba a crear ese sistema. Lo pensamos mucho, y lo rezamos también, y nos quedó muy claro que si queríamos tener la libertad a la que aspirábamos para poder servir a la sociedad, teníamos que decirle al Estado que muchas gracias, pero que no queríamos ese
aporte. Porque el que da, siempre pide, el que da, siempre presiona directa o indirectamente. O aun cuando no haya presiones, quien recibe esa plata fácil se siente comprometida, y como no quiere perder esos recursos, a veces no dice lo que tiene que decir o no hace lo que tiene que hacer. Nosotros queremos tener un espacio de libertad muy amplio. Eso es todo.

-Usted tampoco acepta someterse al sistema de acreditación que propone el Gobierno. Eso también margina a su universidad de ofrecer
crédito fiscal a sus alumnos…

-Primero, lo de asociar la acreditación al tema de la plata es una barbaridad. Fue un gol de media cancha que le pasó el Gobierno al Parlamento, que no se dio cuenta. Segundo, el llamado crédito del Estado no es tal. Los créditos los da la banca. Luego, los garantes de ese crédito en la primera etapa -la etapa de mayor riesgo- son las
propias universidades, privadas y tradicionales, no es el Estado. El Estado comienza a ser garante después, cuando el tema se hace más seguro, cuando el alumno est? por egresar o cuando egresa.

-¿Usted dice, entonces, que no se puede hablar de crédito fiscal?

-Debía haberse promocionado como un proyecto de financiamiento mixto, eso era lo correcto. Que tanto las universidades privadas como las tradicionales iban a avalar estos créditos. Lo otro no es correcto, porque se miente a la sociedad.

-¿Y no está de acuerdo con que exista un sistema de acreditación universitaria, para garantizar la calidad?

-La acreditación puede ser un sistema interesante, como son las normas ISO para buscar un modo de medir la calidad. Pero cuando se crea una agencia de facto en el Gobierno, se establece un proyecto que se llama piloto y que después se convierte en un proyecto nacional, que pretende que todo el mundo entre a eso y que deja de ser el tal piloto… Eso no está bien. Uno no puede estar obligado a entrar a un sistema donde hay una agencia encabezada por alguien que designa la Presidencia de la República y que está compuesta mayoritariamente por gente que pertenece a los organismos públicos.

-¿Cree que no va a funcionar?

-Fue un error haber aprobado esa ley. Esto no va a garantizar ninguna calidad de nada, porque todas las universidades al final van a estar acreditadas. ¿Dónde va a estar la diferenciación? Tampoco me gusta la acreditación, porque yo pienso que este país necesita innovación, creatividad, esquemas que rompan moldes, donde aparezcan situaciones que sean completamente diferentes, que puedan conducir a cambios importantes para acelerar el desarrollo. Este modelo de acreditación tenderá a uniformar todo, y dañará la innovación. Lo que se quiere es que todos seamos iguales y eso no puede ser.

-En todo caso, su renuncia al AFI y a la acreditación priva a sus alumnos de becas y créditos. ¿No ha visto las cosas desde esa perspectiva?

-Por supuesto. Tengo la inquietud del financiamiento de los alumnos en el alma desde hace mucho tiempo y por eso he estado tratando de convencer a la banca privada de que se involucre en el tema.

-¿De qué modo?

-Les he dicho que necesitamos con urgencia extrema un producto bancario “puro”, sin ninguna participación del Estado, que sea para financiar la educación, que sea de largo plazo, que la gente comience a pagar después de un tiempo de estar ya en la vida profesional.

-¿Y qué le han dicho? Un proyecto así no es simple…

-Es que si la banca no hace esto, este contingente enorme de gente que está en la Educación Media, con opción y expectativa de continuar estudiando, no tiene financiamiento, y tampoco tiene trabajo… ¿Qué va a ser de esa juventud? ¿Los queremos drogadictos? ¿Los queremos delincuentes? La banca que no quiere pensar en eso va a sufrir expropiaciones, porque va a sufrir asaltos a sus sucursales… Eso es lo que se va a producir, un fenómeno de una conducta antisocial enorme. El sector privado debe comprometerse con la educación del país, de lo contrario no vamos a tener paz social ni capacidad de seguir con el proceso de desarrollo.

-¿Por qué las otras universidades han aceptado las reglas del juego que ha puesto el Estado?

-No quiero emitir juicios. Nosotros sí lo hacemos lo que nos parece correcto.

-¿Y cómo se lleva con sus colegas rectores? El doctor Pedro Pablo Rosso, el padre Fernando Montes, Carlos Peña…

-A ver, con los colegas rectores, en general, muy bien. Con los de las universidades privadas hemos trabajado juntos, con todos, incluso con aquellas universidades que tienen proyectos educativos distintos, y ha sido gratísimo. Ha sido muy enriquecedor conocer cómo piensan. Al señor Peña no lo conozco, pero algunas de las cosas que dice o escribe me parecen aberrantes; se me estremece el corazón y también el estómago.

EVALUACIÓN A LOS 25 AÑOS: “Las universidades ¡tienen que tener dueños!”

-Los 25 años de la UGM coinciden con los 25 años del sistema privado de educación superior en Chile. ¿Quiénes son los padres de las universidades privadas?

-La reforma del sistema educacional fue hecha no por educadores ni abogados. Salió de la cabeza de economistas. Ellos vieron la necesidad de abrir el sistema, y tenían toda la razón. Fueron tremendamente visionarios.

-¿A quiénes se refiere?

-A Sergio de Castro, Miguel Kast, Jorge Cauas, Hernán Büchi y otros más que posiblemente yo omita. Hay que rendirles el tributo que se merecen…

-¿Cuánto hay de lucro en las universidades privadas?

-Es que hablar de lucro o negocio es una distorsión. En las universidades privadas o en un colegio, las personas que organizan algo, que ponen un capital en algo, es natural que reciban algo de eso que están invirtiendo. Pero antes de recibir algo, ellos están prestando los servicios. Si éstos son adecuados, de gran calidad, ¿cuál es el problema de que la persona que hizo la inversión, pueda retirar algo?

¡No hay ningún problema!

-¿O sea que tampoco es un problema que las universidades tengan propietarios?

-¡Tienen que haber propietarios! Y a mí me desespera que todavía en la educación media se hable de “sostenedores”. ¡Qué es eso de sostenedores! ¡Si son dueños! ¿Qué es lo que “sostienen”? Aquí ya se acabó eso de que el Estado era el responsable de la educación del país. Por eso tenemos que tener mucho cuidado, porque se está tratando de volver a ese esquema anterior. No. La responsabilidad de la educación es de las familias, ellas son las llamadas a elegir qué tipo de educación quieren para sus hijos y dónde la quieren buscar, y cómo la cuidan.

Share Button