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LA IMAGINACIÓN EN LA CULTURA OCCIDENTAL

Occidente nace en la mal llamada Edad Media. Denominada de esta manera por los ilustrados del siglo XVII, quienes vieron en esa época un periodo oscuro, dominado por los bárbaros y que nada importante aportó al desarrollo de la civilización occidental.

Nada más lejos de la verdad, la Edad Media es el período en que se origina la Cultura Occidental, la cual forja sus raíces en las Universidades, centros del saber y del conocimiento que nacen en el siglo IX. Se trata de un período maravilloso, que logró el desarrollo de las artes románicas y góticas. Fue una época de imaginación y fantasía. Los monjes, inspirados por la doctrina de la subcreación, recopilaron una serie de leyendas y mitos con los cuales intentaban dar explicación a todo aquello que era complejo de entender.

Toda esta riqueza fantástica fue bruscamente truncada por las teorías de filósofos como Descartes y Voltaire, representantes de la llamada época ilustrada o “de las luces” (justamente en contraposición a la oscuridad atribuida al período medieval). Así, todas las criaturas fantásticas inventadas por los primeros occidentales, fueron relegadas al espacio de los juegos de los niños. Como decía J.R.R. Tolkien en su ensayo “Sobre los cuentos de hadas”, se trata de historias que quedaron olvidadas en la pieza de juego de los más pequeños, del mismo modo como se relegan a ese espacio los muebles antiguos que ya nadie quiere en casa.

A pesar de que existieron movimientos que nacieron como reacción a este excesivo racionalismo (el movimiento artístico y filosófico llamado Romanticismo fue uno de los más determinantes) sus ideas siguen vigentes y prevalecen en la educación actual.

La era industrial es la que vio nacer el sistema de escolarización moderna en el que las matemáticas y las ciencias son el foco, olvidándose del arte, la música, la historia y la filosofía. Y así llegamos a una instancia en la que el mundo necesita de personas creativas y de pensamiento flexible, habilidades que si no son fomentadas en la niñez, simplemente se pierden.

Algunos de los autores y movimientos que intentaron revertir este camino directo al racionalismo puro fueron: el Romanticismo. Ellos recuperaron el cariño por la imaginación a través de un reencantamiento con la Edad Mediad y la fantasía. Las leyendas y mitos se volvieron a narrar y varios artistas, músicos, pintores y también escritores, utilizaron estos temas para su inspiración. El Romanticismo encontró en la religión, ya abandonada por muchos, un valor único que los ayudó a nutrir el movimiento intelectual con una vida espiritual. La fantasía fue clave en la creación de nuevas óperas que, con sus historias míticas de lugares lejanos, aportaron de manera decisiva al canon occidental. Los artistas denominados pre-rafaelitas inspiraron a muchos, culminando en el movimiento católico de Oxford. Tolkien, padre de la fantasía moderna, es uno de los herederos de este movimiento.

C.S. Lewis es otro de los escritores que junto con Tolkien decidieron dar rienda suelta a su imaginación, narrando historias llenas de personajes fantásticos que puede ser disfrutadas tanto por niños como por adultos. De hecho, él afirma que no debería existir diferencias entre la literatura infantil y la literatura para adultos, pues una buena historia es buena tanto para niños como para adultos. Lewis además era un convencido de que cuando dejamos de ser niños, perdemos parte de nuestra humanidad.

G.K. Chesterton afirma que los cuentos de hadas son el sistema de educación más antiguo y duradero.

El académicos estadounidense Irving Babbit, fundador de la corriente conocida como Nuevo Humanismo, critica el materialismo y ve con tristeza cómo la imaginación, intuición e ilusión prácticamente dejan de tener cabida en la sociedad moderna. También fue crítico de Rousseau que redefinió el concepto de imaginación en términos del individuo indulgente y conducido por el deseo.

De esta manera es que es necesario reflexionar acerca de por qué el racionalismo exacerbado causó tal desequilibrio en la educación. No olvidemos que en la actualidad contamos con una serie de apoyos tecnológicos que, bien utilizados, pueden ayudar a los niños a desarrollar más aún sus habilidades imaginativas.

Lo importante es proponer vías alternativas a esta realidad. El método de la Educación Imaginativa (EI) desarrollado por Kieran Egan y su equipo pretenden volver a darle a la imaginación el sitial que nunca debió dejar de ocupar en el proceso de educación de Occidente.