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Julio Retamal, profesor de Historia UGM fue entrevistado en Relación a la Iglesia Anglicana

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Julio Retamal Faverau, profesor de Historia de la Universidad Gabriela Mistral fue entrevistado por El Mercurio en relación a la Iglesia Anglicana, el pasado domingo 25 de octubre.

A continuación la entrevista:

El historiador Julio Retamal Favereau:

“NO VEO UN CISMA EN LA IGLESIA ANGLICANA”

Las diferencias de fieles anglicanos con las últimas decisiones de su jerarquía y la consiguiente petición de ingresar al catolicismo reactivan una antigua relación.

Sorpresa causó en algunos la disposición del Vaticano de acoger en la Iglesia católica a todos los anglicanos que lo deseen, permitiéndoles mantener algunas de sus tradiciones. El ofrecimiento llegó después de años de descontento en algunos sectores de la comunidad anglicana, integrada por 77 millones de fieles, ante la ordenación de sacerdotisas y la bendición de matrimonios homosexuales. Cerca de medio millón de fieles, la mayoría fuera de Inglaterra, querrían ingresar al catolicismo. La conversión de fieles hacia una y otra confesión ha sido más o menos constante en el tiempo.

El historiador Julio Retamal Favereau, doctorado en la Universidad de Oxford, analiza aquí algunos aspectos de la historia de la Iglesia anglicana y su relación con el catolicismo.

Retamal no ve un cisma en la Iglesia anglicana. “La Comunión anglicana es un nombre genérico que agrupa a una cantidad importante de iglesias a través del mundo. La principal es la Iglesia de Inglaterra (Church of England), creada durante el proceso de la Reforma protestante, en el siglo XVI. Pero en torno a ella hay un conjunto de otras iglesias asociadas, como la Iglesia episcopaliana de los Estados Unidos, que es la más conocida”, sostiene.

“Estas iglesias se encuentran asociadas a partir de una tradición desarrollada en Inglaterra y que tiene como puntos destacados la lealtad hacia el Arzobispo de Canterbury, primado de Inglaterra, y siguen la doctrina y las prácticas del Book of Common Prayer (Libro de la plegaria comunitaria), redactado en 1549 y modificado en puntos menores más tarde”.

“Como no se trata de una iglesia única y jerárquica, con una cabeza visible en la tierra, como es el Papa en la Iglesia católica, la Comunión anglicana acepta diversas interpretaciones de la doctrina y de la liturgia. Tales interpretaciones son muy variadas, y van desde las más tradicionalistas, llamadas anglo-católicas, hasta las más avanzadas, llamadas evangélicas. Un lugar y momento de encuentro de los diversos obispos anglicanos se lleva a cabo en las llamadas Conferencias de Lambeth (sede londinense del Arzobispo de Canterbury), que se suelen reunir cada diez años, para efectos de pastoral y práctica. De ahí no salen decisiones dogmáticas, sino ideas pastorales e intercambio de información”.

“Por todo lo cual no se trata de un cisma anglicano. El concepto mismo de cisma no tiene sentido en ese contexto”, agrega.

A su juicio, las relaciones entre la Comunión anglicana y la Iglesia católica han sido históricamente bastante buenas. Los últimos Papas y muchos obispos anglicanos han favorecido el contacto y la discusión en torno a puntos esenciales de la doctrina y de la práctica religiosa. Incluso los últimos arzobispos de Canterbury han visitado al Papa con estos fines. Pero no ha habido la llamada “Communicatio in sacris” o comunión plena entre estas iglesias. Un problema es, sin duda, el referente a la validez o invalidez de las ordenaciones anglicanas”.

Respecto de las cuestiones dogmáticas y rituales que separan ambas confesiones, precisa algunos aspectos fundamentales:

“Hay que recordar que todas las iglesias cristianas profesan el Credo de Nicea-Constantinopla (siglo IV). Los puntos doctrinales divergentes se refieren a las proposiciones de los reformadores del siglo XVI: Lutero, Calvino, Cranmer y otros, o bien a definiciones desarrolladas en los últimos siglos”, comenta el historiador.

Agrega que “la Iglesia de Inglaterra se define como parte de la Iglesia Única, Católica y Apostólica, razón por la cual llama Iglesia Católica Romana a la presidida por el Papa. Mantiene también las órdenes sagradas de diácono, presbítero y obispo. Sin embargo, los miembros del clero pueden ser casados, y de hecho la inmensa mayoría lo es”.

“Así y todo, las comunidades más conservadoras sostienen los puntos más cercanos al catolicismo tradicional, con los siete sacramentos, las prácticas piadosas, la misa como renovación del sacrificio de Cristo, el culto a los santos y a la Virgen María y, en general, todo el ceremonial tradicional. Hay incluso monjes y monjas anglicanos, reunidos en monasterios o conventos. Comunidades que creen en la Presencia Real de Cristo en la hostia y el cáliz, y otras que sostienen sólo la Presencia Espiritual; es decir, las llamadas transubstanciación y consubstanciación, respectivamente”.

“En cambio, los grupos de carácter evangélico celebran la eucaristía como memorial de la institución y prescinden de ornamentos, de cultos a los santos y a la Virgen. La Gracia salvífica de Cristo redime al hombre sin la necesaria intercesión del sacerdocio. El celebrante es más un ministro que un sacerdote (sacrificador). Además, en materias pastorales y de “diálogo” con el mundo, son mucho más permisivos. De esa tendencia proceden las ordenaciones de mujeres y homosexuales que han ocurrido en los últimos veinte años”.

Hay gran variedad de ritos católicos

En lo que atañe a las cuestiones rituales, continúa Retamal, la variedad ha sido una norma muy antigua, que se remonta a los primeros tiempos. “Por lo demás, la inventiva de muchos sacerdotes católicos después del Concilio Vaticano II ha sido tan grande, que ya no se puede hablar de unidad litúrgica desde el punto de vista de rito o ceremonia. Los dos últimos papas han restaurado las formas más antiguas y sacrales al interior del catolicismo, pero muchas otras formas siguen en uso, algunas desde hace siglos (cultos muzárabe, ambrosiano, cartujo, galicano, dominico, maronita y “uniatos” en general), y algunos muy recientes”.

Consultado si existe en la actualidad algún diálogo sobre los dogmas entre el Vaticano y la Iglesia anglicana, dice que sobre aquellos básicos no parece haber habido “diálogo”, porque son los mismos. “En materias de disciplina y jurisdicción, se han intercambiado ideas con respecto al papado y su primacía, al celibato sacerdotal, la práctica de los sacramentos y otros”.

Sobre la posible expansión de la Iglesia anglicana en el mundo, creo que ocurre lo mismo que con las demás iglesias cristianas: en Europa hay una disminución dramática de los fieles, al punto que se han debido cerrar muchas iglesias, conventos, colegios y otras asociaciones. En los otros continentes, no obstante, ha habido un crecimiento de las comunidades protestantes y evangélicas. A menudo, a costa de las comunidades católicas.

“Diría que la Comunión anglicana ha crecido fuera de sus lugares tradicionales, en tanto que ha disminuido en ellos. Así lo declaran varios de sus obispos”.

“Como comentario final personal, creo que el momento es muy dramático para el cristianismo, sobre todo en Europa, porque millones de fieles les han dado las espaldas a las diversas iglesias. Eso ha llevado a que los métodos pastorales para tratar de cortar el éxodo de fieles hayan sido muy variados. Muchos han creído que desplazando algunas de las barreras morales (o “tabúes”, como suelen llamarlos) se podría recuperar a las ovejas para el redil de Cristo. Otros, en cambio, sostienen que la falta de espiritualidad y de formas sacrales son también muy responsables de la huida de los creyentes y tratan de restaurar los tesoros espirituales y litúrgicos que abundan en la gran tradición cristiana. Me parece que ésa es una de las medidas que ha adoptado el Papa Benedicto XVI”.

“En cualquier caso, el momento es muy interesante para ver cómo el cristianismo occidental logra superar tal vez las condiciones más adversas en toda su larga historia”, concluye.

DANIEL SWINBURN

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