SODALICIO DE VIDA CRISTIANA

La Familia Sodálite es el conjunto de personas, instituciones y obras que comparten la espiritualidad del Sodalicio de Vida Cristiana (SCV), conocida como espiritualidad sodálite.

El Sodalitium Christianae Vitae – SCV es una Sociedad de Vida Apostólica de Derecho Pontificio aprobada por S.S. Juan Pablo II en 1997, y está integrada por laicos y sacerdotes que se consagran plenamente al apostolado

Dentro de la rica espiritualidad de la Iglesia Católica, el SCV cuenta con un carisma propio y con acentos específicos que distinguen este apostolado: el servicio evangelizador a los jóvenes y a las familias, el compromiso solidario con los pobres y la evangelización de la cultura. Esta familia espiritual se extiende hoy por los cinco continentes.

Sus miembros buscan configurarse con el Señor Jesús recorriendo el camino del amor filial a la Virgen María, aspiran a la santidad y procuran colaborar activamente con la misión evangelizadora de la Iglesia.

En Chile está presente desde 1999, cuando por invitación del Cardenal Francisco Javier Errázuriz se fundó la primera Comunidad Sodálite en Santiago.

A lo largo de la historia de la Iglesia muchas familias espirituales nacieron en torno a un carisma o espiritualidad específicos. De modo semejante, la Familia Sodálite es el conjunto de personas, instituciones y obras que participan de la espiritualidad del Sodalitium Christianae Vitae.

La Familia Sodálite alcanza a todas las personas que, identificadas con la espiritualidad sodálite, buscan vivir sus existencias como hijos de la Iglesia, recorriendo el camino de amorización por la piedad filial a María, aspirando a vivir la santidad y dar gloria a Dios con su vida y acción cotidiana.

Junto a la vida interior, y a las relaciones solidarias y fraternas, los integrantes de la Familia Sodálite, según su estado de vida, buscan un mundo mejor, más justo, fraterno y reconciliado, comprometiéndose con el desarrollo integral del ser humano. En comunión con el Magisterio de la Iglesia, llaman a este objetivo la construcción de la Civilización del Amor.

La participación en la Familia Sodálite se puede realizar a nivel personal o asociativo. Pertenecen a la Familia Sodálite todos aquellos hijos de la Iglesia, de cualquier edad, que buscan vivir la espiritualidad sodálite como camino para seguir al Señor Jesús, y se sienten vinculados por lazos de caridad e identidad con la familia espiritual.

Entre ellos, pero no exclusivamente, se encuentran quienes forman parte de instituciones como el Sodalicio de Vida Cristiana, el Movimiento de Vida Cristiana, la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, las Siervas del Plan de Dios, la Asociación de María Inmaculada y la Hermandad Nuestra Señora de la Reconciliación.

ESPIRITUALIDAD SODALITE

Los integrantes del Sodalicio descubren el llamado de Dios para vivir la vida cristiana siguiendo una espiritualidad propia, conocida como la espiritualidad sodálite. Se trata de un camino espiritual con acentos propios, suscitado por el Espíritu Santo como un don dentro de la común espiritualidad de la Iglesia.

Algunas de las características de la espiritualidad sodálite son:

La búsqueda de una vivencia integral de la fe —fundamento de la vida cristiana— como don que ilumina la mente, transforma el corazón y se proyecta en la acción.

La centralidad del misterio trinitario y la plena participación en la Comunión Trinitaria de Amor como horizonte de máxima realización humana.

El reconocimiento de la Encarnación del Verbo Eterno en el seno purísimo de María Virgen como el acontecimiento central de la historia humana, y la convicción de que en el Señor Jesús se revela plenamente la identidad y vocación de todo ser humano (cf. Gaudium et spes, 22).

El amor filial a Santa María, Madre del Señor Jesús y nuestra, como camino de configuración con el Reconciliador y de crecimiento en la vida cristiana: «Por Cristo a María y por María más plenamente al Señor Jesús».

La dimensión comunitaria, por la cual el ser humano descubre un espacio de realización como ser creado para el encuentro y la comunión. En ella acoge el don de la fe, que profundiza, comparte, celebra y anuncia fraternalmente, vive un auténtico espíritu de familia y se ve fortalecido en el camino rumbo a la plena participación en la Comunión Divina de Amor.

El esfuerzo alegre y perseverante por vivir una espiritualidad de la vida cotidiana, haciendo de la propia persona y de su vida entera un culto agradable a Dios.

La acogida responsable y el anuncio ardoroso —con la palabra y con la vida— del don de la reconciliación, entendido como una respuesta eficaz para las múltiples rupturas que afectan al mundo y que son contrarias al Plan de Dios.

La eclesialidad, expresada en la acogida fiel del Magisterio de la Iglesia, escuchando con reverencia la voz del Sumo Pontífice, en el amor profundo y comprometido con la Iglesia, en el servicio generoso y perseverante a su misión evangelizadora, en la solícita colaboración con sus Pastores, y en la participación fraternal en la pluralidad de dones y carismas que el Espíritu derrama en el Pueblo de Dios.

APOSTOLADO

01. Apostolado con los Jóvenes

El servicio evangelizador a los jóvenes es un aspecto prioritario del apostolado de los sodálites. Hoy muchas personas se encuentran escépticos y críticos de la esperanza que se deposita en los jóvenes.

Los sodálites —como lo han manifestado también los últimos Pontífices—no dudan en afirmar la gran esperanza que representan los jóvenes para el futuro del mundo. La fuerza con que los jóvenes y las jóvenes perciben una nostalgia de infinito y el profundo anhelo de aportar con un cambio real al mundo son ocasión invalorable para descubrir el sendero que los lleve a la vida plena y a la felicidad.

El camino que ofrece el Señor Jesús es tremendamente atractivo para el joven. El anuncio del Evangelio sin reducciones ni tergiversaciones, con el esplendor de la verdad y los retos que el seguimiento de Cristo entrañan, siempre tendrá enormes frutos de conversión y compromiso de fe coherente.

Conscientes de todo esto, los sodálites buscan llevar a los jóvenes de hoy el mensaje del Señor Jesús y el amor a la Iglesia, desde el testimonio personal y el anuncio de la fe. La invitación que se les hace es a convertirse ellos mismos en apóstoles de los jóvenes, con un compromiso misionero activo y alegre.

02. Evangelización de la Cultura

La cultura es una dimensión fundamental en la vida de cada uno. En ella recibimos nuestra educación, formamos nuestros valores, aprendemos a conocer, amar y apreciar lo verdadero, lo bueno y lo bello. La cultura tiene, pues, un lugar fundamental en el Plan de Dios como escuela de humanidad y ámbito de despliegue humano.

Sin embargo, la ruptura entre fe y cultura es uno de los graves males de nuestro tiempo, que hoy se manifiesta también en una “anticultura” de muerte. Con esto en mente, la evangelización de la cultura es una de las líneas apostólicas prioritarias que desarrolla el Sodalicio.

El Sodalicio se halla decididamente comprometido con la evangelización de la cultura, entendiendo que esta evangelización no se puede hacer de una manera decorativa o superficial, sino de modo vital y en profundidad, llegando hasta las mismas raíces de la cultura y las culturas del hombre.

Entre los sodálites hay, entre otros, intelectuales, historiadores, escritores, literatos, pintores, escultores, músicos, así como profesionales en diversas áreas. Muchos de los sodálites se dedican a la enseñanza en diversos niveles, a la investigación, a las publicaciones, o laboran en el ámbito de las comunicaciones sociales. Otros desarrollan iniciativas en el ámbito de una propuesta ecológica más humana, de respeto al medio ambiente y cuidado de la naturaleza.

Ev Cultura 1Todas estas son para los sodálites áreas de despliegue en las cuales se hace concreto su compromiso evangelizador en el ámbito cultural, con el horizonte de aportar a una cultura verdaderamente humana en sus criterios y en sus valores, en sus raíces y sus expresiones.

03. Solidaridad con los Pobres

El Sodalicio realiza un intenso trabajo solidario con los pobres y los desposeídos. Desde los inicios del caminar sodálite el amor preferencial por los necesitados selló su identidad comunitaria. Conscientes de que la transformación personal debe ir acompañada de la aplicación de las consecuencias sociales del seguimiento del Señor Jesús, los sodálites emprenden distintos tipos de labor solidaria con el hermano concreto, particularmente con el débil, el pobre, el que sufre, el enfermo y el marginado.

La pobreza, sin embargo, no es solo material sino también espiritual. En ese sentido, el compromiso apostólico con los más necesitados exige no olvidar nunca la estrecha relación entre evangelización y promoción humana. En el trabajo solidario se busca asistir al prójimo ayudándolo a pasar de condiciones de vida menos humanas a condiciones cada vez más humanas y dignas de su ser persona e hijo de Dios.

En este ámbito del apostolado el Sodalicio se guía por las orientaciones de la enseñanza social de la Iglesia, que reconoce como vía segura lo que el Magisterio vivo propone para enfrentar los problemas de cada tiempo.