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NO LLORES POR MI ARGENTINA. Alejandro Alarcón


En Economía y Negocios de El Mercurio con fecha 22 de marzo fue publicada la columna de opinión de Alejandro Alarcón, economista y académico de la Facultad de Economía y Administración de nuestra casa de estudios:

La semana recién pasada estuve en Buenos Aires y comprobé que me había quedado corto con mis pronósticos: comprar dólares en Argentina es en estos momentos casi imposible y en los últimos días más del 80% de las operaciones cambiarias comenzaron a ser rechazadas. Hace algunas semanas, invitado a un programa de la televisión nacional, comenté acerca de la expropiación que el gobierno argentino había practicado a Repsol, la firma de capitales españoles, por la propiedad de la a esta altura famosa Yacimientos Petrolíferos Federales (YPF).

En esa oportunidad, no sólo dije que los efectos de esa decisión eran malos, obviamente, para los propietarios españoles de la compañía afectada , sino que también la califiqué como altamente perjudicial para los ciudadanos de ese país no solamente por razones macroeconómicas fáciles de advertir como el impacto en la credibilidad del país, el aumento sostenido en el riesgo país, el acceso al financiamiento extranjero, entre otras, sino que también por motivos microeconómicos esta decisión no servía para mejorar la provisión de energía en Argentina porque aquello estaba más bien ligado a la falta de inversión y precios razonables para los productores del sector energético.

Entusiasmado agregué que el populismo era una droga que a la larga o a la corta terminaba perjudicando a los ciudadanos de un país, y que aquellos tarde o temprano comprenderían el error mayúsculo que se había producido. Por esta razón fui “troleado” en las redes sociales por una periodista argentina que vive en Chile que me acusó de ignorante, frívolo y que en definitiva yo no sabía de qué estaba hablando.

Agregué en la mencionada entrevista que Argentina se dirigía en línea recta a un problema mayor de pagos y que intimidar a los inversionistas extranjeros era simplemente adicionar razones a aquellos que fueron víctimas del último default y engrosar la lista de proveedores de financiamiento externo que no quieren más acometer ninguna iniciativa económica y financiera en Argentina. Personalmente conozco a inversionistas que re direccionaron iniciativas a Chile desde el país vecino, porque piensan que aquí no hay populismo y menos cambios repentinos de las reglas del juego económico y financiero.

La semana recién pasada estuve en Buenos Aires y comprobé que me había quedado corto con mis pronósticos: comprar dólares en Argentina es en estos momentos casi imposible y en los últimos días más del 80% de las operaciones cambiarias comenzaron a ser rechazadas. Mientras el dólar seguía en las pizarras a $4,47, en el mercado negro (que en Argentina le dicen “blue”) se voceaba a $5,5 y al encontrarme con economistas argentinos me ratificaron que tarde o temprano los especuladores llevarán la divisa a $ 8 ó $ 9.

Lo más serio es que en Argentina en este mes ocurre la liquidación a los exportadores que vendieron productos al exterior, principalmente granos, y por tanto es uno de los periodos del año en que teóricamente hay abundancia de dólares. Pese a todo, los especuladores continúan comprando o acumulando divisas hasta que el mercado, como ha ocurrido en distintas latitudes, termine por precipitar la devaluación.

Lo anterior es fácil de advertir porque después de varios meses de haberse implementado un severo control de cambios, los dólares que partieron del sistema bancario no están volviendo. En octubre del año pasado había 15 billones de depósitos en dólares, la semana pasada habían retrocedido a menos de 12 billones de dólares. Claramente la confianza en los últimos meses esta siendo afectada.

Pero hubo dos situaciones más que me alarmaron y que pueden terminar provocando una verdadera caldera social. Me enteré que el kilo de pan allí cuesta el equivalente, en plata chilena a $ 2000, o sea el doble de lo que cuesta en Chile, en un país que es uno de los principales productores de grano en el mundo. Esto se suma a que la inflación oficial del INE argentino sitúa esta cifra en 1/3 de lo que otros colegas argentinos me dicen que es el alza efectiva del costo de la vida.

Pero suma y sigue, reportes indican que crece la inquietud entre los gobernadores de las provincias argentinas porque no están recibiendo los fondos desde el gobierno central para pagar a proveedores, contratistas de obras públicas y los sueldos de los funcionarios simplemente porque los asistentes de la Presidenta les comunican que no hay plata. Es claro entonces que las provincias seguirán emitiendo bonos, aumentando impuestos provinciales y recortando gastos, al menos en eso se parecen a europa.

No llores por mi Argentina, resuena fuerte en mis oídos.

Alejandro Alarcón
Economía Y Negocios, El Mercurio
22 de mayo 2012

 

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