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Políticas de Estados Unidos contra la recesión

La crisis hipotecaria de Estados Unidos ha seguido agudizándose en los últimos meses, generando una importante desaceleración en el crecimiento de la primera economía del mundo. La posibilidad de que esta desaceleración se transforme directamente en una recesión, se vio claramente a comienzos del año 2008, con el anuncio del Presidente George Bush de un plan transitorio de estímulo fiscal por un monto equivalente al 1 por ciento del PIB de los Estados Unidos. Cuando este plan se anunció, las bolsas mundiales reaccionaron con desconfianza, y se produjo un fuerte derrumbe bursátil que llevó a muchos analistas a hablar de un nuevo “lunes negro”. El plan se anunció un día viernes en la tarde, y el lunes reaccionaron las bolsas.

La fuerte caída bursátil, llevó a un asustado presidente de la FED, Ben Bernanke a producir un fuerte recorte de la tasa de interés de redescuento, produciendo un rebote de las bolsas e inyectando un elemento de calma en un ambiente turbulento. ¿Cuáles son los efectos de estas medidas? ¿Son apropiadas estas medidas para evitar una recesión en Estados Unidos? ¿Qué efectos secundarios indeseables pueden producir? Y ¿Cuáles son los efectos para Chile? son algunas de las preguntas que surgen ante esta situación.

En primer lugar, la medida anunciada por el Presidente Bush: un recorte tributario transitorio equivalente a 1 por ciento del PIB genera varios efectos. Aumenta transitoriamente el ingreso del sector privado en ese mismo 1 por ciento del PIB y disminuye el ingreso del sector público en el mismo monto. En la medida que todo o parte de este mayor ingreso del sector privado se gaste, se estimula el consumo privado y por ende se genera un efecto expansivo sobre la economía de Estados Unidos que podría sacar al país de la recesión. Si, por el contrario, la gente ahorra esta rebaja tributaria como lo sugiere la teoría del ingreso permanente, no pasa nada. No hay estímulo sobre la economía, y simplemente se termina con la misma trayectoria anterior, sólo que con un déficit fiscal de 5 por ciento del PIB en lugar del 4 por ciento actual. En la medida que parte de la rebaja tributaria se vaya a un aumento en el consumo privado, se debiera deteriorar el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Esto debiera debilitar la fortaleza del dólar de Estados Unidos frente a todas las monedas del mundo, lo que lleva a efectos indeseables sobre la competitividad del resto de la economías del mundo, y quizás mas importante erosiona el papel del dólar como moneda de reserva del mundo.

En segundo lugar, la medida anunciada por Bernanke que se suma a la serie de recortes en la tasa de interés que ha venido implementando la FED. Esto constituye una política monetaria expansiva, que debiera incrementar el ritmo de crecimiento de los agregados monetarios de Estados Unidos. Como la “crisis subprime”, ha generado una contracción del crédito, la rebaja de tasas de interés contrarresta en parte el efecto anterior haciendo que el crédito crezca, con un efecto expansivo sobre el crecimiento del PIB. Como efectos secundarios indeseables se puede esperar mayores presiones inflacionarias futuras en Estados Unidos y un deterioro en la cuenta corriente de la balanza de pagos.

En tercer lugar, los efectos secundarios negativos de las medidas anunciadas llevan a un deterioro de la fortaleza del dólar a nivel mundial. Un Euro más fuerte frena las exportaciones y el crecimiento de Europa. Un Yen más fuerte frena las exportaciones y el crecimiento de Japón y, en el caso de Chile, un peso más fuerte frena las exportaciones y el crecimiento de nuestro país. En cierta forma, Estados Unidos está “exportando” sus problemas al resto del mundo, con las conocidas “beggar thy neighbor policies”.

En cuarto lugar, la combinación de estas dos políticas: monetaria y fiscal expansiva, deteriora los equilibrios macroeconómicos fundamentales de Estados Unidos. Una mayor deuda pública deteriora en forma permanente el equilibrio fiscal, mayores presiones inflacionarias llevan a la necesidad de efectuar políticas de ajuste (¿recesivas?) en el futuro, y un mayor déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos deja a un dólar debilitado y traslada los problemas de Estados Unidos al resto del mundo. En cierta forma se está transando “pan para hoy” por “hambre para mañana”.

En quinto lugar, la debilidad del dólar erosiona su papel como la moneda de reserva del mundo. En la medida que los bancos centrales del mundo y los inversionistas intenten ajustar sus portafolios para hacer frente a esta nueva realidad, se podría desatar una “crisis de confianza” que podría agravar los problemas. En este escenario, no le quedaría a Estados Unidos más remedio que subir fuertemente sus tasas de interés para contrarrestar esta situación.
En síntesis, si bien las medidas anunciadas pueden evitar que Estados Unidos entre en recesión en el corto plazo, ello se logra hipotecando los equilibrios macroeconómicos futuros y la fortaleza del dólar. Estados Unidos parece estar abandonando la visión de largo plazo que tenía en el pasado, y estar dando cada vez más importancia al logro de resultados de corto plazo.

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