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RIMPAC, SEGURIDAD Y DESARROLLO EN LA CUENCA DEL PACIFICO. GERARDO VIDAL

Sorprende la dificultad para establecer una conexión entre el sentido y significancia de los conceptos de seguridad y desarrollo. Una dificultad que, hasta ahora, parece ser transversal en nuestra sociedad y que pareciera no alcanzar a dimensionar esa relación.
Nuestra estrategia de desarrollo ha estado por décadas fundada en la explotación de nuestras ventajas comparativas y la consecuente política de apertura al comercio exterior, a objeto de hacer llegar, donde sea posible, nuestra riqueza productiva. Somos una economía enteramente abierta, que además, persiste en crear nuevos y diversos mercados, instalándonos como uno de los países con mayor nivel de acuerdos de libre comercio con las más importantes economías del mundo.
Desde esa perspectiva, el desafío de la globalización se ha internalizado en el consciente colectivo de nuestra sociedad, sin embargo, persiste la sospecha de que, ligado a ello, no integramos el factor de la seguridad como clave –en tanto condición necesaria- para permitir que ese libre intercambio comercial se traduzca finalmente en bienestar para las personas.
Ha sorprendido el cuestionamiento que en este sentido ha alcanzado el concepto de “seguridad ampliada” utilizado en la propuesta de la “Estrategia de Seguridad y Defensa”, concepto, que más allá de su denotación lingüística, encuentra finalmente –en su connotación- el intento de comprender, integrar, y finalmente asumir en nuestros desafíos como Estado y Sociedad una realidad que está principal e íntimamente ligada con lo referido con anterioridad, independiente del surgimiento de amenazas asimétricas, como el terrorismo, o el crimen organizado, que llegasen a generar riesgo desde el interior de la comunidad y que eventualmente requiera también de nuestra preocupación.
Un caso explícito de lo argumentado se ha reflejado recientemente con el desarrollo de uno de los ejercicios navales más importantes en el Océano Pacífico conocido como RIMPAC, realizado cada dos años, administrado por la Armada norteamericana, bajo la dirección del Comando Pacífico de EE.UU., con el propósito de mejorar la interoperatividad entre las fuerzas armadas de la Cuenca del Pacífico, a objeto de promover la estabilidad de la región en beneficio de todas las naciones participantes.
El ejercicio integró este año a 42 buques de guerra, 6 submarinos y 200 aeronaves, pertenecientes a países como Australia, Canadá, Francia, Holanda, EE.UU., Inglaterra, Tailandia, Malasia, entre otros. No obstante, por primera vez, Chile es invitado a formar parte de la conducción y liderazgo de las operaciones navales de dicho ejercicio, haciéndose cargo de un Grupo de Tarea a bordo del portaviones USN CVN-68 Nimitz conduciendo operaciones de unidades de superficie y aeronaves de combate. Por primera vez, además, un ministro de Estado chileno asiste a dicho ejercicio, como expresión de compromiso con la responsabilidad que adquiere esta nominación.
Sin embargo, lo importante es que, como lo advertíamos inicialmente, somos cada vez más parte de un proceso de integración global que no sólo requiere de posibilitar el libre comercio en función del desarrollo, sino también, el de asumir las exigencias de mantener las condiciones de paz y estabilidad que lo hacen posible. Chile posee 5.000 kilómetros de costa en el pacífico con extensión insular y Antártica, sólo ello nos coloca en un lugar privilegiado a la hora de ese compromiso. La sola responsabilidad de proteger allí la vida en todas sus dimensiones, constituye desde ya una tarea de presente y futuro, que de alguna forma está representada en la experiencia y protagonismo que ha devenido de este ejercicio multinacional.
Chile este año ha exportado 9 mil millones de dólares a China, 4.500 a Japón, 2.500 a Corea del Sur, 4.600 a los EE.UU, solo por situar la trascendencia que adquiere la Cuenca del Pacífico para nuestro desarrollo, y la responsabilidad compartida en la generación de condiciones necesarias para alcanzar allí estadios de paz y estabilidad, responsabilidad que generará en el corto plazo, cambios sustantivos en la forma de ver nuestra inserción mundial, más allá de lo puramente económico. La seguridad es sin duda una de esas dimensiones que comienza a adquirir esa estatura.

Gerardo Vidal
Académico Universidad Gabriela Mistral
Publicado 31 de Agosto en DF

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