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Una mujer en Corea del Sur

Por vez primera una mujer se hará cargo de la presidencia de la pujante Corea del Sur. Park Geun-hye se acaba de ganar ese derecho al imponerse en las recientes elecciones presidenciales por amplio margen.

En efecto, su partido, el Nueva Frontera, obtuvo el 51,6% de los votos y derrotó con claridad al candidato liberal (centro-izquierda), Moon Jae-in.

Votó el 76% de quienes estaban legalmente habilitados para hacerlo, lo que es la cifra de participación más alta de los últimos quince años.

Se cumplen ahora 33 años desde que la triunfadora se despidió de la mansión presidencial cuando su padre (además de su madre, víctima de un atentado en 1974 perpetrado por un agente de Corea del Norte) fue asesinado en 1979, cuando era presidente. Me refiero al autoritario Park Chung-hee, una suerte de Fujimori coreano que a lo largo de 18 años construyó los cimientos del milagro económico coreano del sur pero violó constantemente los derechos humanos y las libertades civiles y políticas esenciales de su pueblo.

De esta manera Corea del Sur mantendrá el actual rumbo económico –responsable de su impresionante ascenso en la búsqueda de mayor bienestar– y no modificará para nada su cercanía política con Estados Unidos como vector central de su política exterior.

Con un discurso con resonancias populistas, Park prometió seguir de cerca las enormes empresas y grupos empresarios de su país (los conocidos chaebols) y asegurar que cumplan la ley a rajatabla. Además, impulsará a las pequeñas y medianas empresas, fundamentales en la creación y mantenimiento del empleo.

En materia de política exterior, tratará de salir del deterioro de la actual relación bilateral con la ermitaña Corea del Norte, aunque sin ceder espacios ni posiciones ni renunciar a sus principios. Entre sus anuncios está el de aumentar la ayuda humanitaria al régimen comunista de Pyongyang, como instrumento de fomento de una confianza ahora extraviada.

Park –simpática y carismática a la vez– tiene una interesante experiencia empresaria previa; ha sido legisladora desde 1998 y ha conducido su partido con mano firme en dos oportunidades.

No hay que esperar, entonces, cambios dramáticos de rumbo para Corea del Sur sino, más bien, más de lo mismo; es decir, seguir transitando el andarivel actual, que tan buen resultado ha dado.

De alguna manera ha logrado vencer la tradición derivada del confucionismo que postula, según algunos, que el único lugar de la mujer es la casa.

Gracias a Dios, el sur del paralelo 38° ha comenzado a modernizarse también en esto, queda visto.

http://www.rionegro.com.ar/diario/una-mujer-en-corea-del-sur-1090920-9539-nota.aspx

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