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Universidades privadas y el Consejo de Rectores

Sra Alicia-tamanioHoy aparece publicada columna en El Mercurio escrita por la Rectora de la Universidad Gabriela Mistral, Alicia Romo Román.
La invitación del Consejo de Rectores, a las universidades privadas, para participar del proceso de admisión, se explica sólo a partir de situaciones particulares. Parece incomprensible que hayan transcurrido treinta años sin que las universidades tradicionales y las privadas hayan tenido contacto; sólo Universia nos ha reunido. Por eso, esta invitación, respaldada por el Ministerio de Educación, aparece como algo que cabe analizar.

La apreciación sobre educación superior privada depende del contacto con ella; quienes la conocen saben la calidad con que la mayoría de estas instituciones trabaja, similar a la educación tradicional. Sin embargo, hay un grupo que, ideologizado o movido por el espíritu socialista en educación, supone que no tiene relevancia nacional enredándose en apreciaciones que nada aportan al problema. El país necesita de la educación superior para terminar con la pobreza que aún lo aqueja. La ley que permitió la creación de las universidades privadas fue un aporte aún no valorado por el país. De un número restringido que accedía a la educación superior, se transitó hacia la cobertura casi total que conocemos hoy.

En la ampliación de oferta surgió una diversidad de proyectos con características de tamaño, procedencia, enfoque y calidad. Se cuestiona que existen algunas de poca calidad; pero, ellas atienden a personas que no tienen otra opción y las habilita para experiencias de mayor exigencia y calidad. Luego, el aporte social no puede ser desconocido y menos menospreciado. Por otra parte, la mayoría de las universidades privadas tiene una calidad muy aceptable y algunas son excelentes, donde las personas que egresan de sus aulas pueden competir con las mejores del buen sistema tradicional.

El número de personas atendidas por el nuevo sistema es inmenso y su preparación y calidad les permite servir exitosamente en todos los sectores de Chile y del extranjero. Frente a esta realidad, sin inversiones del Estado, con aportes extraordinarios de los privados, pareciera que el país debe mirar al sector con respeto y gratitud. Sorprende escuchar opiniones y comprobar actitudes, incluso de la autoridad, que denotan pobre apreciación, o la necesidad de recuperar una influencia que sólo se puede lograr por acuerdos.

La bondad del nuevo sistema fue su diversidad. ¿Cuál podría ser entonces la razón para unificar la admisión? El sector privado debe ser fiel a la independencia que necesita para su desarrollo; hay acuerdos negativos y los carteles atentan contra la libre competencia. Al parecer, el 60% de la postulación, atendido por los privados, es percibido como “un peligro” por el sector “público”. En un tiempo político, donde fuerzas oscuras, habilitadas por tecnologías, se movilizan, parece comprensible que el Ministerio de Educación se preocupe para responder a la calle, y a las quejas del mundo universitario tradicional. De allí la invitación, a quienes nunca se consideró, para incorporarse a un sistema donde la merma de las instituciones que acepten podría favorecer al tradicional, antes mermado por los privados.

A la misma inquietud obedece la mirada hacia los institutos profesionales. Se piensa aumentar el interés incrementando el subsidio. No hay estudios que expliquen el desinterés histórico por lo técnico; cabe recordar la Escuela de Artes y Oficios, luego Universidad Técnica del Estado, hoy Universidad de Santiago, donde sus maquinarias agonizaron sin vestigios del pasado “técnico”. ¿Por qué podría cambiar la mentalidad nacional sin modificar sus causas? Lo técnico interesa sólo excepcionalmente. Hay que estimular una cultura y otorgarle dignidad a una actividad para hacerla deseable y aceptada. Si en la educación básica y media no hay manualidades, difícilmente podemos pretender interés en actividades técnicas. Es difícil que la postulación a universidades privadas vaya al sector técnico, sin valoración social, ni cariño hacia ellas.

Ante estas realidades, cabe tomar conciencia como “sector privado” llamado a aportar al país. Se necesita identidad y principios. Es necesaria la diversidad de sistemas de admisión para nuestra educación superior. Hay que considerar las inteligencias diversas cuya evaluación no puede ser la misma. Reconocer la diferencia frente a la PSU de alguien de región, de un buen colegio de la Región Metropolitana, o de un mal colegio de cualquier lugar. La inteligencia, facultad privilegiada para la formación de una persona, está presente en muchos casos que no reciben aprobación suficiente de la PSU. Con ellos es un desafío trabajar y lograr un notable aporte al desarrollo y a la vida, contribuyendo al verdadero bien común de nuestra sociedad.

Alicia Romo Román
Rectora Universidad Gabriela Mistral

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